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El Frente de Tolkien

El Frente de Tolkien

Las mañanas de los sábados, este año se convirtieron en un mix de todo (como diría Rinconete). Una mezcla de aprendizaje, de emoción, de placer y de grandes lujos, como el que nos damos junto a Amado Boudou cuando escuchamos la voz de la Dra. Graciana Peñafort sumándose en Boudou Lounge (nuestro programa en la Radio de la Madres, AM 530). 

Un par de semanas atrás, Graciana nos compartió su metáfora entre el Frente de Todos y la obra de J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos. Para ella –o eso creí entender yo– las diferentes razas que habitaban la Tierra Media sólo tenía en común sus prejuicios y rencillas históricas, hasta que llegó un enemigo siniestro y devastador que sirvió de aglutinante para sentar en la misma mesa a hobbitselfos enanos, que dejaron de lado sus desconfianzas en pos de defender un proyecto común para la Comarca.
La correlación de semejanzas va por cuenta de quien lee, pero claro está que los hobbits, elfos y enanos tenían tantos parecidos y diferencias como el kirchnerismo, albertismo y massismo. Lo único indudable en ambas historias, es que del otro lado estaba Sauron, el Señor Oscuro. La alegoría no apunta a profundizar en la historia hasta descubrir quién es el Gollum de nuestras pampas, sino a evidenciar que la garantía de unidad está dada principalmente por la existencia de los Orcos que nos acechan cada mañana, más allá de las veces que coincidan Frodo y Aragorn en sus visiones de la realidad. 
La mayor amenaza a la unidad del Frente de Todos, la brinda una posible ruptura entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, mientras eso no suceda (y nadie dice que no pueda suceder) la unidad del Frente de Todos está garantizada por la sensatez y responsabilidad de nuestros dirigentes, que nos deben dejar a resguardo de otra temporada de Orcos.Despejada momentáneamente la pesadilla de la ruptura, queda por definir “el sentido” de esta unidad, como bien repite Amado “Unidad y Sentido”. 

El trescuatrocosismo de la MAK

Pero el aporte de Graciana no termina en sus recomendaciones e imágenes literarias, el sábado pasado participó en un “contrapunto” que me transportó a debates sostenidos en las originarias y añoradas Cenas MAK.

Una década atrás estábamos ante otro punto de inflexión que dejaba al descubierto nuestra grieta (no importa cuándo leas esto), y en esas legendarias cenas solía renacer la teoría del “trescuatrocosismo”. Dicha presunción sostiene que el gran problema argentino, radica en que las principales fuerzas políticas no se han sentado a definir esas “tres o cuatro cosas” en las que todos debiéramos estar de acuerdo y pasarían a ser Políticas de Estado, sostenidas en futuros Gobiernos más allá de sus banderías partidarias.
La dificultad surge cuando comenzamos a hurgar entre los viudos y viudas de la Moncloa sobre cuáles serían esas tres o cuatro Políticas de Estado, o si debieran ser cuatro o cinco ya que no podemos dejar afuera una política educativa, o exterior, o industrial, o energética, o científica, o… Y fundamentalmente, cómo conciliar dos visiones evidentemente contrapuestas sobre cómo debe desarrollarse nuestro país en cada uno de esos temas. No imagino a nuestra oligarquía agro exportadora teniendo la misma visión industrial que apunta al pleno empleo, más allá de las reverencias y buenos modales que se utilicen para el debate. Y lo mismo asumo para los demás asuntos.
Hoy ese mismo planteo se escucha intramuros, dentro del Frente de Todos. Todo se resuelve sí Alberto atiende los reclamos de Cristina, o sí Cristina atiende los llamados de Alberto. Todo se resuelve si el peronismo –cual cantón suizo que debe ser– comparte un té con scones tibios y define esos tres o cuatro lineamientos de gobierno que nos lleven a cumplir nuestro contrato social. Evidentemente no es tan simple.
Es importante aclarar que las diferencias que tiene el campo nacional y popular con su contraparte conservadora y neoliberal son de modelo de país, de objetivos a alcanzar. En cambio, las diferencias intramuros son sobre el mejor camino -o al menos el posible- para llegar al mismo lugar, al mismo país. Pero, aun así, esos caminos pueden ser bien divergentes, y con la renegociación de la deuda que el Gobierno de Macri asumió con el FMI quedó en evidencia.

La síntesis

Es evidente para todos y todas que el Frente necesita un ámbito donde dirimir los debates y lograr su síntesis, pero más allá del formato institucional que tenga ese espacio, lo importante es la metodología que se utilice para definir ese sentido.
El discurso romántico de la política –heredero del trescuatrocosismo– imagina a nuestros referentes en un ágora intelectual, donde intercambian conceptos e ideas en busca de la persuasión. El famoso “diálogo y consenso” que tanto pregonaba el Gobierno anterior, para luego anunciar el determinismo del “único camino posible”. No quiero desanimar a nadie diciendo que la persuasión son los padres, pero raramente alguien cambia de posición en esos niveles por falta de formación o información. No quiero ser quien jubile a la persuasión, pero no me sentaría en esa mesa con la seducción como única herramienta, no importa cuánta buena voluntad o vocación superadora tengan los participantes.
La segunda herramienta en la caja debiera ser la negociación. Y volvemos a escuchar las palabras de nuestro maestro de luz ElBosnio, cuando en aquellas Cenas MAK nos iluminaba sobre la habitual confusión entre la Política y la Moral. “La política funciona mucho mejor en manos de “comerciantes”, expertos del “toma y daca”, para quienes nada es “innegociable”, para quienes cualquier concesión es posible si a cambio obtienen algo de valor para sus representados”. 

Días atrás Álvaro García Linera y Amado Boudou coincidieron en un diálogo imperdible dentro del programa Siempre es Hoy, del amigo Daniel Tognetti. Cuando le consultaron a García Linera sobre la forma de metabolizar decisiones con Evo Morales, siendo que ambos provenían de orígenes tan diferentes, él citó un principio de Evo: “En tanto lo que decidamos va a beneficiar a la gente más pobre, está bien”.En la moral hay absolutos, hay cosas buenas y cosas malas, y los principios morales suelen ser innegociables. En política, las medidas a tomar infrecuentemente son buenas o malas para todos, sino más bien beneficiosas para unos en detrimento de otros. En la directriz de Evo queda claro el sentido, el rumbo que debe tener un Gobierno nacional y popular, y dentro de ese principio todo debería ser negociable.
La tercera herramienta que subiría a esa mesa de debates, es la democrática. Más allá de los atributos que el sistema democrático aporta en la convivencia social, en el sentido estricto la democracia es una forma de organización para la toma de decisiones colectivas.Durante el Gobierno de Cambiemos –el anterior frente gobernante– presenciamos la interminable humillación que el PRO le suministró a la UCR por el sólo hecho de ser minoría en esa alianza. Relegaron al partido centenario a una participación testimonial, que desde nuestra mirada parecía insostenible. Hoy esa paradoja es aún más inverosímil, ya que un integrante (enormemente) minoritario es quien relega a la fuerza aportante de los votos en este Gobierno.

Este martes Roberto Navarro comandó una excelente entrevista a nuestro Presidente Alberto Fernández en el Destape Radio. En ella Fernández dijo: “la presidencia no es un órgano colegiado”. Como diría Laurita Alonso es técnicamente correcto, en nuestra Constitución no se establece un Poder Ejecutivo colegiado, pero las decisiones en el Frente de Todos –la fuerza política que lo llevó a esa presidencia– bien podrían definirse como colegiadas, como democráticas, o como decidan los pueblos de nuestra Tierra Media que será la metodología para definir con Frodo cuál es el sentido de esta unidad. 

Nos quedan 18 meses para convencer a los y las argentinas, que esta fuerza política puede impulsar las transformaciones profundas que otorguen justicia social a nuestro pueblo. Dudo mucho que hasta ahora lo hayamos conseguido.La unidad debe ser garantizada cada día con la sola presencia de los Orcos del otro lado de la grieta, el sentido debe darse en cada medida de Gobierno que se tome respondiendo a la pregunta de Evo. Si esa medida no nos lleva a tener otra década de Gobierno nacional y popular, puede ser buena, pero es insuficiente.

Sergio Marino