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“El gobierno paga la deuda externa con vidas”

Como si fuera una condena –y realmente lo es–, el pueblo argentino vuelve a escuchar palabras como “deuda externa”, “Cavallo”, “FMI”, “ajuste”, “fuga de capitales”, “riesgo país” y hasta “default”.

Son los términos que definen la política neoliberal, en este caso la del macrismo que en los últimos días puso al país nuevamente de rodillas ante los organismos internacionales de crédito y ante el capital financiero.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo exigió, pocos meses después de la asunción del gobierno y después de haberlo calificado como “enemigo del pueblo”, el mismo 10 de diciembre de 2015, que frenara este plan sistemático de miseria planificada.

Lo hizo en cuatro palabras: “Macri, pará la mano”.

Pero no la paró.

Y la mano de Macri es la mano del mercado que, dicen, es invisible pero sólo lo es, y no tanto, para aquellos pocos beneficiados; la inmensa mayoría la ve en forma de desocupación, hambre, pobreza, represión.

Para dimensionar el asunto: durante la presidencia de Macri, Argentina se convirtió en el mayor emisor de deuda soberana. Ningún otro país del mundo se endeudó tanto, según un informe publicado en febrero por la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). La estadística impacta más si se considera que el gobierno había recibido un país que había atravesado el mayor desendeudamiento de su historia. Peor aún: apenas unos días antes del informe publicado por la UMET, en enero, en un paroxismo de cinismo, Macri había pedido no “obligar a los nietos a pagar la deuda”. Hasta el diario El País de España tuvo que salir al cruce: publicó que durante su gestión la deuda ya había aumentado 35 por ciento.

ACCIÓN DIRECTA

Las Madres comprendieron, como siempre, que la lucha de los pueblos tenía que realizarse en las calles y en las plazas. Y que ahí se libraba una batalla histórica contra las políticas de ajuste. Así lo hicieron a lo largo de sus 41 años de historia, entendiendo que “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

En ese trazo, la disputa por una patria libre y soberana implicaba enfrentar a aquellos gobiernos cuyas medidas eran dictadas por los Estados Unidos, el FMI y las corporaciones internacionales.

Así, como tantas otras veces, lo hicieron el 9 de julio de 1995. Ese día, además de un nuevo aniversario de la Independencia del país, Carlos Menem asumía su segundo mandato como Presidente de la Nación. Las Madres entendieron que era una fecha ideal para repudiar la política del gobierno, cuyos acuerdos con el FMI implicaron que la deuda externa aumentara 123% a lo largo de los dos mandatos del riojano (1989-1999).

Fueron ellas, y sólo ellas, las que se movilizaron aquel día en el Congreso donde el presidente brindaría su discurso ante la Asamblea Legislativa. Sorteando vallados y cordones policiales, llegaron hasta las escalinatas de la Plaza de los Dos Congresos (hoy una reja impide su acceso), y desplegaron una bandera enorme con una sentencia política: “El gobierno paga la deuda externa con vidas”.

La consigna era contundente: la deuda externa asesina al país y a quienes lo habitan.

Era un mensaje –no el primero, no el único, no el último–, que sintetizaba lo que las Madres venían denunciando: pagar la deuda externa implicaba no construir hospitales, ni escuelas; significaba quitarle a los que menos tienen para poder “honrar los compromisos internacionales”, como sabían decir en ese entonces y como comienza a escucharse por estos días. La foto que ilustra este artículo expone la acción de las Madres: allí están, bajo el cartel y la consigna, una veintena de Madres acompañadas por unos pocos jóvenes, resistiendo y denunciando el endeudamiento y sus consecuencias.

Junto a la acción hicieron un comunicado de prensa: “Cada centavo que el gobierno entrega al FMI tiene un precio de sangre, de hambre y de miseria para el pueblo argentino (…) Bajo los dictados del Fondo Monetario Internacional, se puso en marcha un proyecto de muerte, represión y de explotación”, decía el texto firmado por la presidenta de la Asociación, Hebe de Bonafini; y por su tesorera, Juana de Párgament el 9 de julio de 1995.

Casi 23 años después, Hebe recuerda aquella jornada: “Hicimos el cartel con mucho esfuerzo. Como había tantos efectivos policiales, fuimos antes, así que casi fuimos solas. Lo que queríamos era desplegar el cartel y que sacaran una foto. No salió en ningún medio, la foto quedó en nuestro archivo, pero pudimos sortear todo el cordón policial. Era importante señalar que la deuda externa se paga con vida porque mucha gente no se da cuenta. No hay vacunas en los hospitales, no hay comida, no hay viviendas, pero hay para pagar la deuda”.

AJUSTE HOY, HAMBRE PARA MAÑANA

Siete años después, después de haber sufrido, enfrentado y combatido al menemismo y sus voracidad de acero, las Madres volvieron a focalizar su discurso sobre las consecuencias del endeudamiento con la consigna utilizada el 11 y 12 de diciembre de 2002, durante la 22ª Marcha de la Resistencia: “No al pago de la deuda externa”. Marcharon 24 horas ininterrumpidas en Plaza de Mayo con una bandera con esa leyenda, que era como una especie de mantra que venían repitiendo desde hace ya un par de décadas.

“No al pago de la deuda externa”.

“No al pago de la deuda externa”.

La verdadera deuda era interna y podía contarse en pibes con hambre, padres sin laburo, jubilados que percibían $150 por mes, millones de excluidos, las empresas del Estado rematadas y un calamitoso etcétera que exactamente un año antes había explotado con un saldo de más de 40 muertos, 600 heridos y Fernando de la Rúa huyendo en helicóptero. Su ministro de Economía, Domingo Cavallo, había renunciado un día antes.

Domingo Cavallo.

El mismo que ahora fue registrado ingresando al Banco Central para asesorar a su directorio.

El abismo carece de metáforas.

Es ahí, en ese punto, en donde, como si fuera una condena –y realmente lo es–, el pueblo argentino vuelve a escuchar las palabras que nombran lo que nadie quiere escuchar.

Menos mal que existen las Madres de Plaza de Mayo.

Para decir “No”.

Para decir “Para la mano”.

Para luchar por las vidas que este modelo pretender matar.

(Columna publicada en la edición número 17 de Contraeditorial)