El genocidio como práctica social: nunca más, nunca menos
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- 25 de marzo de 2026
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El sociólogo Daniel Feierstein fue el punto de partida de la columna de Manuel Saralegui en La García, donde propuso pensar el terrorismo de Estado no solo como un plan de exterminio, sino como una estrategia para reorganizar la sociedad. En ese marco, recuperó el crecimiento sostenido de las movilizaciones del 24 de marzo como un indicador “civilizatorio” del pueblo argentino, aun en un contexto adverso. “Las marchas han ido creciendo”, sostuvo, destacando que incluso en momentos de retroceso político, la memoria colectiva sigue ampliándose.
Más adelante, Saralegui retomó la definición de Feierstein sobre el genocidio como una práctica destinada a destruir relaciones sociales de solidaridad, autonomía y cooperación. En ese sentido, explicó que el objetivo de la dictadura no se limitaba a eliminar personas, sino a desarticular vínculos comunitarios, especialmente los de la militancia. “No eran solo individuos: eran compañeros y compañeras, unidos por una práctica política”, remarcó, subrayando que el terror operó como disciplinador del conjunto social.
En el mismo tono, introdujo las ideas del militante y autor Damián Selci, quien define la militancia como una práctica colectiva basada en la responsabilidad compartida. Saralegui destacó tres ejes: nadie milita en soledad, el militante asume los problemas como propios, y su tarea es convocar a otros a involucrarse. Esa reconstrucción del lazo social aparece, según planteó, como la contracara necesaria del proyecto genocida que buscó justamente destruir esos vínculos.
Finalmente, el columnista planteó que la consigna de “Nunca Más” resulta insuficiente si no se complementa con la de “Nunca Menos”, entendida como la recuperación activa de aquellas relaciones sociales que la dictadura intentó borrar. En ese cierre, vinculó esa perspectiva con los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, donde —según sostuvo— se promovió la vuelta a la militancia y la participación política. “No alcanza con recordar: hay que reconstruir ese compromiso colectivo”, concluyó, advirtiendo que sin ese paso, las condiciones que hicieron posible el terrorismo de Estado pueden volver a reproducirse bajo nuevas formas.