Horacio Verbitsky: La ola violenta – El Cohete a la Luna

Horacio Verbitsky: La ola violenta – El Cohete a la Luna

Por primera vez hay un acuerdo general entre los analistas de distintas posiciones: nadie había previsto el 30% de los votos válidos que obtuvo Javier Milei en las elecciones primarias, pero todas las opciones permanecen abiertas, ya que menos de tres puntos separan a las tres principales fuerzas políticas. Si hay balotaje, uno de sus protagonistas será Milei, quien también podría imponerse en primera vuelta.

Hasta ahí el consenso. Después comienzan los sesgos interpretativos. Para algunos, Patio Bullrich es la principal derrotada y no tiene chance de recuperarse. Para otros, quien está terminado es el Ministro de Economía Sergio Tomás Massa. La síntesis de estas conclusiones es el castigo electoral a las dos últimas presidencias:

  • la de Maurizio Macrì, que duplicó la tasa de inflación recibida, y
  • la de Alberto Fernández, que va en camino de triplicarla.

El medio millón de votos que separa a las tres fórmulas es la mejor noticia para el oficialismo, en medio del desastre.

Castigo y esperanza

Además de enojo y castigo, Milei encarna también una esperanza para quienes peor están. Maldecir a “La Casta”, un calificativo que tomó prestado de los partidos españoles Podemos y Vox, y prometer dólares para todos, son propuestas muy sencillas, que llegan a quienes son más conscientes de los privilegios de los operadores del sistema político que de las imposiciones del FMI y que no se interesan por los detalles técnicos. También Menem se impuso en la primera vuelta de 2003, prometiendo la imposible dolarización. El crítico más agudo de la dolarización es el propio Milei, como se aprecia en este video difundido por la campaña de Axel Kicillof.

En todos los comandos están estudiando los resultados de cada provincia y municipio, para entender de dónde provienen los votos en favor de Milei. Según el método que se emplee, la víctima principal fue UxP o JxC. La CELAG del español Alfredo Serrano Mancilla comparó los resultados de la elección presidencial de 2019 con los de estas primarias, y concluyó que:

  • UxP perdió 6 millones y medio de votos (de 12,9 a 6,5 millones).
  • JxC perdió 4,1 millones (de 10,8 a 6,7 millones).

De lo que perdió el oficialismo,

  • 23% se fue a Milei,
  • 77% no fue a votar.

De lo que perdió JxC,

  • 80% se fue a Milei,
  • 20% no fue a votar.

Mientras Unión por la Patria decidió confrontar con Bullrich, como el camino más seguro hacia el balotaje, que sería una elección muy distinta, Bullrich vacila porque por un lado debe retener los votos que obtuvo Horacio Rodríguez Larreta, lo cual la induce a la moderación, pero por otro necesita impedir que Milei siga creciendo con sus propuestas extremas. Además hay 720.000 votantes cuyos candidatos no participarán en la elección general porque no llegaron al piso del 1,5%.

En una sociedad donde prevalece el espectáculo, tanto aquel Menem como este Milei son pintorescos cosplayers. La asesora de Milei, Lilia Lemoine, es una profesional del Cosplay y ha conseguido que el economista se sume a sus juegos.

Del 100 al 22%

Nadie advirtió con mayor claridad que Massa el efecto catastrófico de una devaluación sobre el poder adquisitivo de los ingresos populares. Pese a ello, su primera respuesta post-electoral fue disponer una pérdida de valor del peso del 22%. Se lo explicó al Grupo Clarín en una entrevista televisada: el Fondo Monetario reclamaba que fuera del 100%, luego bajó su pretensión al 60% y por último aceptó que estuviera en el orden del 20%. Esta secuencia, a la que intenta insuflar alguna épica, describe lo estrecho del sendero que tiene por delante el ministro-candidato, quien esta semana viajará a Washington con la esperanza de recibir el desembolso de 7.500 millones de dólares. Sus batallas más arduas versan sobre la dosis de aceite de ricino que está obligado a administrarle a su electorado. Eduardo Valdés, uno de los pocos confidentes que aún frecuentan al Presidente Alberto Fernández, le pidió en público la renuncia, un deseo que no cuenta con el beneplácito de Cristina, quien viajó a Calafate por el fin de semana largo y aun no ha decidido de qué manera hacerse presente, o no, en la campaña hacia la elección general. La Vicepresidenta no se olvida de la responsabilidad de Alberto Fernández y de su primer ministro de Economía, Mr. MaGoo en la situación actual, con la que debe lidiar Massa.

El Presidente se está preparando para su salida de la enorme quinta de Olivos. “Hacemos un montón de autocríticas todos los días”, dijo su portavoz Gabriela Cerruti, pero se cuidó de mencionar al menos una, porque ese es el grado de abstracción de la realidad en que vive el Poder Ejecutivo. Decir que no hemos resuelto el problema de la inflación no es una autocrítica, sino una obviedad que el resto del país le enrostra a los gritos, igual que sus consecuencias.

Con esposa, bebé y tres perros, Alberto no puede volver al departamento de Puerto Madero que, según dijo, le prestaba el publicitario Enrique Albistur. Sin embargo, mantendría el esquema previo: el préstamo de una casa en un barrio privado de San Miguel, conseguida por el senador bonaerense del PRO, Joaquín de la Torre. Su amigo Alberto Fernández acercó a De la Torre al kirchnerismo, cuando Néstor Kirchner procuraba un acuerdo con el ex intendente de San Miguel, Aldo Rico. En la década siguiente, De la Torre siguió a Fernández en su deriva hacia el Frente Renovador de Massa, hasta que pegó el salto al gabinete bonaerense de Cambiemos. Alberto no lo siguió, pero conservaron la amistad.

Porcentaje y territorio

El porcentaje alcanzado por Milei no solo fue sorpresivo. También puede estar devaluado por la falta de estructura de fiscalización. Tanto en la provincia de Buenos Aires como en varias localidades del resto del país, faltaron boletas de La Libertad Avanza, nadie las repuso y la elección continuó sin ellas. El mayor asombro proviene de lo extendido de su predominio, que alcanzó a 16 de los 24 distritos del país.

Los gobernadores que desdoblaron su elección provincial de las nacionales temen haberse excedido en su desinterés por la elección nacional, porque tampoco se esperaban la magnitud de sus consecuencias. Una cosa era tener a Milei como stopper que frenara a JxC, y otra verlo en la pole position para octubre. Milei ganó en provincias donde

  • Los gobernadores (tanto peronistas como radicales, renovadores o provinciales) ya habían sido reelectos o impuesto su sucesión: Córdoba, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, Tierra del Fuego y Tucumán.
  • También en aquellas donde la oposición desbancó a los gobernantes peronistas o provinciales, ya sea en generales o primarias provinciales, como Chubut, Neuquén, San Juan, Santa Cruz, San Luis y Santa Fe.
  • En cambio, en la Capital Federal no superó el 17% que había obtenido en 2021. Su peor desempeño fue en las comunas más ricas de la Capital, como Recoleta, Palermo y Belgrano.
  • En las villas más pobladas redondeó porcentajes parecidos a los de su resultado general en todo el país. Esto no deja dudas acerca de su penetración en los sectores más castigados desde que concluyó el gobierno de Cristina, en diciembre de 2015.
  • También se impuso y por una enorme ventaja (con el 45% de los votos) en algunos de los lugares más pobres del país, como el conurbano de Resistencia, en Chaco, que tiene la peor cifra de indigencia del país.
  • En Córdoba y Santa Fe obtuvo sus mejores números en las empobrecidas periferias.

Este mapa revalida parte del mensaje con el que la ex Presidenta se despidió en 2015: “Dejo un país cómodo para la gente, e incómodo para los dirigentes”. Esa incomodidad de la dirigencia fue in crescendo, a medida que se deterioraba el primer término de la ecuación, en un juego de suma cero.

El corte de boleta en la provincia de Buenos Aires fue mucho mayor de lo que se preveía, lo cual revela que lo organizaron en forma sistemática los intendentes. Este cuadro, confeccionado por las investigadoras Mariel Fitz Patrick y Sandra Crucianelli, indica que el corte se ensañó con la boleta de Sergio Massa y superó los 20 puntos en varios municipios. Es llamativo que no haya afectado al gobernador Axel Kicillof, quien se impuso contra las tres fórmulas liberales. Si los votos de JxC se sumaran a los de LLA, Kicillof tampoco sería reelecto. Carolina Píparo lo propuso, pero Néstor Grindetti lo rechazó. No obstante, añadió que después de la elección podrían alcanzarse acuerdos en el Congreso.

El domingo pasado también hicieron sus apuestas las principales organizaciones de militantes. El Movimiento Eguita cayó en los siete municipios en que la conducción partidaria de Máximo Kirchner le permitió desafiar a los intendentes. La excepción fue Moreno, cuya intendenta Mariel Fernández, que busca la reelección, venció en la primaria. El jefe eguitero, Emilio Pérsico, deja trascender que en octubre no apoyará al intendente Fernando Espinoza, contra quien organizó una campaña basada en agresiones e ironías. Pese a ello, Massa le permite que continúe como el segundo hombre en el Ministerio de Desarrollo Social, lo cual es un curioso estilo de conducción. Otra prueba fue lo ocurrido en Tigre, donde Massa consiguió que la Justicia le prohibiera votar por él para Presidente a los partidarios del intendente Julio Zamora, quien pese a eso derrotó a Malena Galmarini, la esposa del ministro.

A la inversa, la Cámpora obtuvo victorias en casi todas las intendencias en las que presentó candidatos propios, y no sólo en el Conurbano. La principal excepción fue Mar del Plata, donde Fernanda Raverta no pudo con Guillermo Montenegro, del PRO. Pero se impuso en Mercedes, Hurlingham, Carmen de Areco, Colón, Lanús, Quilmes, Patagones, Azul y Olavarría, en las secciones electorales 1ª, 2a, 3ª, 6ª y 7ª. En otros, como Pinamar, quedó apenas un 0,59% detrás de JxC.

Los medios opositores, aún no repuestos, insisten en señalar la responsabilidad de Cristina en el fracaso del gobierno que engendró con su tuit de mayo de 2019. Sólo el tiempo dirá si la nominación de Alberto Fernández fue una equivocación culposa o si evitó males mayores. Lo que está fuera de discusión es que la Vicepresidenta no tuvo injerencia en las decisiones del gobierno y que sus observaciones críticas fueron desoídas en forma sistemática por un mandatario empecinado en demostrar su superioridad y en disputar la titularidad del kirchnerismo. Curioso, porque durante la primera presidencia de CFK, el conflicto de Alberto no era con ella, durante el conflicto con la Sociedad Rural por las retenciones móviles. Alberto se quejaba entonces: “Tomamos una decisión durante el día, pero a la noche se va a Olivos y a la mañana siguiente viene y cambió de idea”. Su competencia por la conducción era con Kirchner. Por eso, Néstor y Cristina decidieron reemplazarlo por Sergio Massa. Déjà vu.

Ni Trump ni Hitler

Dentro de las caracterizaciones de Milei se cuentan la comparación con Donald Trump y con Adolf Hitler. El único punto en favor de esa analogía es el carácter disruptivo de esos liderazgos, en Alemania a principios de la década de 1930 y Estados Unidos en la segunda mitad de la de 2010. Pero Trump reivindicó una política industrial y procuró el regreso a su país de empresas que en el proceso de globalización se habían deslocalizado hacia naciones con mano de obra más barata, como China. Esto le granjeó el voto de los blancos empobrecidos por el cierre de esas industrias y pese a cuatro procesamientos todavía es el favorito de su partido Republicano para la elección presidencial de 2024. Tanto éxito tuvo, que Joe Biden continúa con esa política.

Milei, en cambio, abomina de cualquier intervención estatal hasta en términos ridículos, como su propuesta de cerrar el CONICET, cuando es notorio el efecto de la economía del conocimiento en la balanza de servicios del país, con exportaciones que pronto llegarán a los 10.000 millones de dólares anuales. Ni siquiera le faltan contradicciones internas: su candidata a diputada nacional mendocina, Mercedes Llano, fue becaria del CONICET hasta 2019 y es profesora en la Universidad Nacional de Cuyo, en la cual se graduó.

Acerca del estatismo de Hitler no es necesario abundar. Ni el antisemitismo nazi ni la actitud conservadora del trumpismo pueden compararse con las consignas de Milei en contra del aborto o por el cierre del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidades. Cuando le preguntan por su política exterior, Milei responde que sus principales alianzas serán con Estados Unidos e Israel, tiene asesoramiento del rabino Axel Wahnish, con quien estudia la Torá, y coquetea con la conversión al judaísmo, según reveló Juan Luis Gonzáles en su biografía El loco. La semana pasada Milei dijo que la diferencia entre el loco y el genio es el éxito, al que se cree predestinado. En Nueva York, Milei rindió homenaje al rabino fundador del grupo jasídico Jabad-Lubavitch.

Quien estableció el parangón con Hitler fue el Papa Francisco, en la entrevista que concedió a C5N, pese a que Milei se opone también a la educación sexual integral y a lo que llama la ideología de género. Es posible que Bergoglio haya respondido así a las brutales diatribas de Milei en su contra. Lo llamó nada menos que “asno, burro, ignorante, nefasto, zurdo cultor del modelo basado en el odio, la envidia y el resentimiento, un sorete mal cagado”. Es de los que creen que Bergoglio promueve el comunismo.

Tampoco funciona el parangón lineal con el fascismo o el neofascismo. La primera ministra italiana Giorgia Meloni es una oradora brillante, y en varios idiomas, y sólo queda agradecer que la derecha argentina carezca de un cuadro de similar envergadura y deba conformarse con Patio Bullrich y su vocabulario de 200 palabras. El programa de Meloni está en las antípodas del de Milei. Recortó planes sociales, alegando que hoy no es difícil conseguir un empleo, mientras el liberal argentino afirma que los mantendrá (sólo suman, entre todos, menos del 1,5% del PIB), impuso un gravamen especial del 40% sobre las ganancias extraordinarias de los bancos y elevó al 20% la participación estatal en la empresa de telecomunicaciones. Su debate con el Primer Ministro francés Emmanuel Macron, la muestra como una polemista temible.

Un programa inviable

¿Qué no sea Trump, ni Hitler, ni Meloni quiere decir que es una exageración señalar a Milei como un peligro para la democracia argentina? De ninguna manera, pero es necesario comprender qué tipo de desafíos plantea.

Las propuestas laborales de Milei son un compendio de las que aplicaron, o intentaron aplicar, las dictaduras de 1955, 1966 y 1976, el menemismo, la Primera Alianza y el macrismo.

La supresión del sindicato único, la negociación salarial por empresa, el seguro de desempleo en vez de la indemnización, la reforma de las leyes de Convenciones Colectivas de Trabajo (de 1953), de Obras Sociales (de 1970), de Contrato de Trabajo (de 1974) y de Asociaciones Sindicales o Profesionales (de 1958, 1973 y 1979), la limitación del derecho de huelga y su prohibición para los empleados del Estado y de servicios públicos, formaron parte de esos paquetes y corrieron suerte dispar. Algunas de esas medidas fueron rechazadas ab initio, otras tuvieron vigencia por un breve lapso. Los únicos que tuvieron algún éxito fueron el dictador Juan Carlos Onganía y Carlos Menem, y ello se debió a las concesiones que realizaron a la CGT y sus sindicatos. Contra lo que creen los más jóvenes, las obras sociales que atienden la salud de los afiliados y son una fuente fundamental de ingresos para la actividad sindical, no fueron una creación de Perón sino de la tecno-burocracia que gobernó en la segunda mitad de la década de 1960, con la cual emergió la corriente sindical participacionista, influida en partes iguales por la doctrina social de la Iglesia Católica y por el modelo estadounidense de la AFL-CIO. Su reemplazo por el fracasado modelo británico sería conflictivo, lo mismo que los vouchers para que cada quien pague la escuela que prefiera.

Menem decretó el Programa de Propiedad Participada, que reservó a los trabajadores el 10% de las acciones en las empresas públicas privatizadas. Esto dio lugar a la consolidación de un sindicalismo empresarial, contra el que surgió la CTA. La mayor novedad que trae Milei es que un hipotético gobierno suyo no provendría de un golpe de Estado sino del voto popular y que, a diferencia de Menem, no provendría del peronismo ni traicionaría sus banderas, porque nunca las compartió. Lejos de prometer un salariazo, Milei pregona que el ajuste que haría sería más duro del que reclama el FMI y que la justicia social le parece una aberración. Según el sitio Mundo Gremial, tiene en preparación un proyecto por el que las empresas dejarían de ser agentes de retención de la cuota gremial y cada afiliado debería depositar su aporte al sindicato. Si la medida fuera adoptada por decreto, dada la escasa representación legislativa de LLAC, su segura judicialización crearía una verdadera industria del juicio, además de la respuesta directa de los sindicatos. La Nación informó que el ideólogo que trabaja en estas modificaciones es Miguel Angel Punte, el ex directivo del Grupo Techint que fue secretario de trabajo en el gobierno de Macri y dejó su frase célebre sobre la facilitación de los despidos laborales: “La posibilidad de entrada y salida del mundo laboral es una esencia del sistema. Como en el organismo lo es comer y descomer”. Creyó que era una forma elegante de decir que se proponía cagar a los trabajadores.

Las propuestas económicas del candidato son erráticas, y tiene una llamativa capacidad de improvisación. Luego de afirmar que privatizaría o cerraría Aerolíneas Argentinas, comunicó que se propone cooperativizarla, entregándosela a sus trabajadores. Durante la campaña para las primarias dijo que se proponía prenderle fuego al Banco Central. Esta semana aclaró que la Superintendencia de Entidades Financieras seguiría regulando la actividad de los bancos. La dolarización ha dejado de ser un proyecto inmediato. Es posible que en esta modificación haya influido Diana Mondino, la banquera cordobesa, candidata a diputada nacional y a la cancillería, cuyo esposo Eugenio Isaac Pendás fue, justamente Superintendente de Entidades Financieras con Pedro Pou. En su visita a Córdoba Milei encomió al emprendedor Al Capone, que respondió a la demanda creada por la prohibición del alcohol y cuestionó al funcionario que lo detuvo, Elliot Ness. Pese a ese dislate Milei se impuso en Córdoba, donde JxC perdió medio millón de votos en comparación con la primaria presidencial de 2019 y casi el doble respecto a la primera vuelta de entonces.

Las dos fórmulas sumadas de UxP ocuparon allí el cuarto lugar. Un dato simpático es que en los municipios de la sierra donde se asientan las comunidades hippies, formadas por artistas y artesanos que emigraron de las grandes ciudades, Grabois hizo su mejor elección: venció en la interna de Villa Ciudad Parque, San Marcos Sierra y Villa Cerro Azul. En Villa Ciudad Parque, en el departamento de Calamuchita, se impuso también sobre Bullrich, Rodríguez Larreta y Milei.

Lesa humanidad

Una de las tantas confusiones en torno del vencedor en las PASO, difundida con insistencia por el perdedor en la interna de Unión por la Patria, es que se propone dejar en libertad a los militares condenados por Crímenes de Lesa Humanidad, cuando tanto Milei como Victoria Villarruel han declarado que esas condenas deben cumplirse. Siguen en eso al maestro de Milei en neoliberalismo, Alberto Benegas Lynch (h), quien condenó sin atenuantes a la dictadura a partir de la confesión del marino Adolfo Scilingo en 1995. En una entrevista con el diario holandés De Volksrant en 2001, dijo que para él fue una revelación abrumadora. “Antes hubo otras cosas, pero Scilingo fue un shock, fue como caer en el vacío sin tener puntos de sostén, de dónde tomarse. Si mintieron sobre eso, quizás todo fue mentira. Fue nauseabundo”. Bajo ese impacto, en 1996 publicó el libro El juicio crítico como progreso, en el que describe a los militares como criminales, y en 1999, Las oligarquías reinantes, discurso sobre el doble discurso, una crítica durísima de la Junta. “Se portaron como criminales, usaron los mismos métodos de la guerrilla, el robo de bebés”, dijo.

Milei también se pronunció en contra de la pena de muerte. Lo que sí forma parte de la propuesta libertaria es la reforma de las tres leyes básicas del pacto democrático, sancionadas durante tres gobiernos distintos: la de defensa nacional, de 1988, con Alfonsín; la de seguridad interior, de 1992, con Carlos Menem, y la de Inteligencia Nacional, de 2001, con Fernando De la Rúa, además del decreto reglamentario de la ley de Defensa, firmado por Néstor Kirchner en 2016 y ratificado por Alberto Fernández luego del interregno macrista, sobre el empleo del instrumento militar sólo en caso de agresión externa por otra fuerza armada.

Todos esos instrumentos legales parten de “la diferencia fundamental que separa a la defensa nacional de la seguridad interior”. Por el contrario, la plataforma de los libertarios consiste en confundir una vez más ambos roles para enfrentar lo que llaman “las nuevas amenazas”, un concepto de la doctrina estadounidense, introducido hace dos décadas en la Argentina por Ricardo López Murphy y desarrollado por su correligionario Horacio Jaunarena, que incluyó en el catálogo amenazante el malestar social. Pero mientras eso no ocurra, hasta Villarruel sostiene que ” legalmente no es viable que ingresen las FF.AA. a combatir al narcotráfico. Lo que pueden hacer son tareas de apoyo, pero no es que van a ver militares donde hay narcotráfico”.

A fines del siglo pasado, el sociólogo francés Loïc Wacquant describió la crisis que el neoliberalismo estaba descargando sobre el trabajador asalariado en todo Occidente con una metáfora que no ha perdido actualidad: “Donde se retira el Estado Providencia, lo reemplaza el Estado Penitencia”. Lo novedoso es que hoy esto pueda utilizarse no como constatación sino a modo de promesa para reclamar el voto.

El último que lo intentó fue Macrì, pero las propias Fuerzas Armadas frustraron su propósito. El jefe del Ejército de entonces, general Claudio Pasqualini, declaró en 2018 que la misión de la fuerza es proteger la soberanía y no ocuparse de la seguridad interior. Pasqualini estaba casado con María Laura Renes, hija de Athos Renes, condenado a prisión perpetua por la Masacre de Margarita Belén. Aun así, o tal vez por eso mismo, Pasqualini fue preciso en decir que para modificar la misión de las Fuerzas Armadas sería necesario enmendar antes el marco legal vigente y prepararlas en roles para los que no están capacitadas. Esto sigue en vigencia hoy, y la cosecha máxima en las cámaras de diputados y de senadores que Milei podría hacer el 22 de octubre (41 diputados y 8 senadores si se repitiera en octubre el resultado del último domingo) está muy lejos de favorecer ese giro copernicano, por no hablar de las reacciones que el intento provocaría en una sociedad que rechaza cualquier injerencia militar fuera de su misión específica. Así lo mostró la encuesta publicada hace un mes por Latinbarómetro, “La recesión democrática”. Esa investigación revela que la Argentina es el país de las tres Américas con menor proporción de personas dispuestas a aceptar que un gobierno no democrático llegue al poder si resuelve los problemas y en que tres cuartas partes de la población rechaza la posibilidad de un nuevo golpe militar. Milei no lo dice, pero si la reforma del Estado que anuncia se ejecutara en serio, implicaría prescindir no sólo de médicos y maestros, sino también de militares y policías.

Lo mismo vale para la propuesta de Milei de suprimir la coparticipación federal y dejar que cada provincia viva de sus propios recursos. La coparticipación es un mandato constitucional, que no se puede derogar por decreto ni por ley. La promesa de eliminar la participación estatal en la obra pública ya provocó una dura respuesta conjunta de las empresas y los sindicatos afectados. Pero además, daría la impresión de que nadie en el comando de Milei ha hecho los cálculos imprescindibles: toda la obra pública, sólo implica el 2,3% del PIB.

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