La última advertencia de China a EE.UU. y compañía
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- 16 de octubre de 2026
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China rechazó las acusaciones de exceso de capacidad, dijo que buscan justificar políticas proteccionistas y alertó que “tomará las medidas necesarias” para defender sus intereses. Qué dicen los números de las exportaciones de Beijing y la doble vara que atribuyen a occidente
Por Fernando Capotondo
El acuerdo alcanzado entre China y la Unión Europea para regular las importaciones de vehículos híbridos y eléctricos permitió contener, al menos por ahora, una nueva escalada de tensiones comerciales en torno al concepto del exceso de capacidad. El pacto contempla un límite anual de 350.000 unidades para los automóviles híbridos chinos que ingresen al mercado europeo, mientras Beijing reduce temporalmente aranceles sobre determinadas piezas de automóviles, calzado, helados y aceite de oliva europeos, un conjunto de exportaciones equivalentes a casi 4.500 millones de dólares, según datos de la agencia Bloomberg.
El acuerdo comercial fue anunciado casi en simultáneo con el renovado debate que viene disputándose en el barro de la economía global. Con los protagonistas de siempre y las preguntas de casi siempre: ¿Quién puede arrogarse el derecho de definir que un país produce demasiado? ¿Dónde termina la competencia económica y empieza la disputa de la geopolítica?
La polémica escaló el 7 de octubre, cuando el Representante Comercial de la Casa Blanca, Jamieson Greer, juntó a otros 14 países (entre ellos la Argentina) para firmar una suerte de catecismo colectivo contra los demonios que impulsan el llamado «exceso estructural de capacidad». Traducido: China fabrica tanto, tan barato y tan rápido que amenaza con estrangular las fábricas de gran parte del planeta.
«No nos quedaremos de brazos cruzados y toleraremos el exceso de producción», afirmó Greer en una entrevista con el periódico japonés Nikkei.
El gobierno chino no necesitó ser nombrado en forma explícita para recoger el guante y, dos días después, rechazar lo que interpretó como un nuevo intento estadounidense de justificar políticas proteccionistas contra su producción. “Si las economías pertinentes usan la cuestión como un pretexto para tomar medidas que afecten los intereses de China, el país tomará las medidas necesarias en respuesta”, advirtió el Ministerio de Comercio de China (MOFCOM) a través de un seco comunicado difundido minutos después de las 22 horas de Beijing, cuando las actividades matinales en la Casa Blanca se desarrollaban a pleno.
“Las cuestiones de capacidad deben analizarse de manera integral, objetiva y justa. Los asuntos económicos y comerciales no deben politizarse por preocupaciones sobre la propia competitividad industrial y posición en el mercado”, respondieron desde la cartera comercial, sin tampoco nombrar a Washington. Lo que sí citaron fue el documento “Posición de China sobre la supuesta cuestión del exceso de capacidad”, publicado por el ministerio en julio, en respuesta a las acusaciones Washington.
Al parecer, cuando Estados Unidos subsidia los aviones de Boeing o la industria de sus microchips, la narrativa occidental lo bautiza como «seguridad nacional» o «autonomía estratégica». Cuando Alemania blinda sus automotrices o Francia rescata sus marcas de lujo, se trata de la «preservación del modelo de vida europeo». Pero cuando China aplica la misma receta que aprendió del capitalismo central para inundar el mercado con baterías y paneles solares, entonces es «distorsión maliciosa».
“Fijarse exclusivamente en la capacidad productiva de China y etiquetarla como ‘exceso de capacidad’ es, en esencia, aplicar una doble vara selectiva. Si yo te golpeo es legítima defensa, si tú respondes es una agresión”, planteó Ma Kangduo, analista de la agencia oficial Xinhua.
Para defenderse, Beijing sacó los números recién salidos del horno de su Administración General de Aduanas. Conocer estos datos sirve para confirmar dos cosas fundamentales: primero, que el supuesto «aislamiento» que busca EE.UU. no estaría funcionando; y segundo, que China dejó de competir con ropa barata allá lejos y hace tiempo, para pasar a hacerlo con IA, robótica y la máxima tecnología.
En lo que va de 2026, el comercio exterior chino creció un 18,8% interanual, el ritmo más alto de los últimos cinco años, rozando los 6 billones de dólares. ¿Qué es lo que más exportan? Los microchips y circuitos integrados se dispararon un 99,1%, los vehículos eléctricos un 72,3% y la robótica industrial un 58,9%. Para colmo de ironías, las propias multinacionales occidentales radicadas en China marcaron un récord de exportaciones (11,69 billones de yuanes), abasteciendo a gigantes como Volkswagen o Maserati.
El mapa del comercio muestra además que, mientras el intercambio chino con Estados Unidos apenas avanzó un 4,1%, sus ventas al Sudeste Asiático y a países con Tratados de Libre Comercio crecieron cerca del 30%. Es decir, la presión de Washington no frena las fábricas chinas, solo redirige sus barcos hacia otros puertos. A esto se suma que Beijing destina miles de millones a impulsar el crecimiento del consumo interno, beneficiando a 136 millones de personas (casi tres veces la población total de la Argentina).
Las autoridades chinas insisten en que sus subsidios no violan las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y gustan invocar un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) que identificó más de 2.500 medidas de apoyo industrial en las 75 principales economías del mundo.
Detrás de la retórica, otros números explican una inocultable preocupación: China concentra hoy el 80% de los paneles solares y más del 60% de las baterías y autos eléctricos del mundo, ofreciendo tecnología entre un 20% y un 35% más barata. Bloquear ese flujo bajo el rótulo de «sobrecapacidad» plantea el dilema de cómo cumplir las metas climáticas si se encarecen deliberadamente los insumos de la transición energética.
El país asiático creció, ganó mercados y se convirtió en una potencia industrial que disputa espacios antes dominados por las viejas potencias. Que ese avance genere conflictos no sorprende. La discusión que vuelve a actualizarse es quién define las reglas y con qué vara se miden. Lo resumía semanas atrás un título de la revista The Economist: China no se disculpará.