El derecho a la pereza
- Caballero de Día
- 31 de agosto de 2026
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En su columna en Caballero de día, Sergio Wischñevsky habló sobre la idea del trabajo como mandato social y reivindicó el ocio como un derecho, a partir del libro El derecho a la pereza, de Paul Lafargue, para cuestionar una cultura que, pese a los avances tecnológicos, extiende las jornadas laborales y multiplica los empleos precarios.
Wischñevsky repasó la evolución histórica de esa concepción, desde la tradición religiosa y la ética protestante hasta el capitalismo moderno, y recordó que en Argentina la incorporación del trabajo asalariado también estuvo atravesada por mecanismos coercitivos como la legislación contra los llamados «vagos y mal entretenidos». En ese sentido, reivindicó la vieja consigna de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de sueño, frente a una realidad en la que cada vez más personas encadenan empleos para sostener sus ingresos.
El historiador también vinculó el debate con el avance tecnológico y planteó que la discusión no debería centrarse únicamente en si la tecnología destruirá puestos de trabajo, sino en quién se beneficia de los aumentos de productividad. «Si el desarrollo tecnológico permite trabajar menos, ¿por qué no trabajamos menos?», preguntó, al advertir que la tecnología puede terminar extendiendo la jornada laboral hasta el ámbito doméstico y eliminando los límites entre trabajo y descanso.
Para Wischñevsky, recuperar el «derecho a la pereza» supone reivindicar el ocio, la contemplación, la vida familiar y todas aquellas actividades que no tienen una finalidad productiva o rentable. «La cuestión es en qué se ha convertido el trabajo», resumió, al advertir que mientras la tecnología abre la posibilidad de trabajar menos, la sociedad avanza hacia una lógica de disponibilidad permanente: «del trabajo al trabajo y del trabajo al trabajo».