3J, peronismo, Cristina y los varones
- La García
- 3 de junio de 2026
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En el marco del 11.° aniversario de la primera movilización del «Ni Una Menos» —iniciada en junio de 2015 tras el femicidio de Chiara Pérez en Santa Fe—, Manuel Saralegui propuso una profunda reflexión sobre la evolución de la ola feminista en Argentina y el rol que deben asumir los varones en este proceso de autoconciencia. El columnista repasó el arco histórico del movimiento, situando su despegue hacia el final del mandato de Cristina Fernández de Kirchner y encontrando un punto de inflexión y desmovilización con la llegada de la pandemia en 2020, posterior a la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo.
Como eje central de su espacio, Saralegui dio lectura al reciente documento emitido por el Frente de Mujeres e Igualdad de Géneros de La Cámpora, titulado «Paren de matarnos, liberen a Cristina. Con esta justicia y este gobierno no hay Ni Una Menos». El texto —definido por el militante como una pieza política de notable solidez— vincula de forma directa la violencia machista y los recientes femicidios de Agostina en Córdoba, Dulce en Misiones y Noelia en Temperley, con la desidia institucional del Poder Judicial y el modelo socioeconómico del gobierno de Javier Milei. La declaración denuncia el desmantelamiento de las políticas de asistencia de género y expone que la proscripción y reclusión de la exvicepresidenta funciona como la garantía necesaria para aplicar un ajuste estructural, dado que su figura encarna la memoria histórica de un pueblo desendeudado.
Finalmente, Saralegui analizó el fenómeno desde una perspectiva sociopolítica y de género. Sostuvo la tesis de que, así como el feminismo operó una transformación de características revolucionarias en los últimos años, actualmente se asiste a una «contrarrevolución» encarnada en el gobierno actual, cuyo voto en 2023 tuvo un fuerte sesgo de género respaldado por varones que ofrecieron resistencia a dichos avances. El columnista recuperó la premisa de Simone de Beauvoir para señalar que «los femicidas no nacen, se hacen» en el entramado social, e interpeló horizontalmente a los varones a abandonar la idea de que los agresores son «locos sueltos» para empezar a revisar las responsabilidades colectivas y las violencias cotidianas que atraviesan a familiares y amigas.