Horacio Verbitsky: Mosquitos – El Cohete a la Luna

Horacio Verbitsky: Mosquitos – El Cohete a la Luna

Los protagonistas

Una noche de verano, en una parrilla al aire libre en la Capital Federal, a la que llegamos por descarte luego de encontrar cerrado por vacaciones el lugar preferido. Hace calor, pero ya cerca de la medianoche se vuelve tolerable. Los dueños conocen por el nombre a varios de sus clientes. Por momentos, mis prejuicios me hacen ver la concurrencia como una cita de la Unión de Promociones. Cada presunto coronel acompañado por su correspondiente trilliza, ambos bien bronceados, algunos con una mini-trilliza, resignada a compartir la noche con pá y má. Vestidos amplios y largos hasta el piso, con tajo hasta la cintura. Sandalias tan doradas como anillos, aros y collares.

En el umbral de un edificio próximo, un vaguito sin remera ni calzado come algo de una bandeja de plástico.  Se acerca a la parrilla, tiende una botellita vacía y pide agua. Lo sacan carpiendo de mala manera.

Los retirados del Cuerpo I y sus trillizas lo miran con desdén. Yo le ofrezco la botella de agua de mi mesa y detecto la mirada solidaria de otro comensal. Uno entre decenas. El vaguito agradece y vuelve a su umbral. Al rato la escena se repite, pero esta vez el rechazo consiste en un empujón que lo tira al suelo. No es difícil. Debe tener unos 35 años y no pesa más de 60 kilos. Descalzo y sin camisa, también le faltan varios dientes. Pienso en el efecto corrosivo de la cocaína, que he visto en la hija de un amigo.

Las trillizas y sus acompañantes parecen indiferentes. No puedo contenerme y le grito a los dueños que no le peguen. Las miradas de reprobación se dirigen a mí. Tomo la botella de vino para llenar las copas, pero tardo en soltarla porque pienso que se pudre todo. Creo que cometí un error al intervenir. Dos errores, porque no debería estar en esa vecindad.

¿Qué hacés, Nacho?—pregunta inquieta una trilliza, que espera en la vereda que se desocupe una mesa.

—Mejor vamos, porque sino, esto…— farfulla el hombre, canoso y fornido, de unos 70 años. La promoción de Milani, calculo.

Diez minutos después el vaguito vuelve a la carga. Los mozos lo frenan pero esta vez no le pegan. Apenas puede tenerse en pie, pero los desafía:

Aguante Milei—dice. Tiene un vocabulario más exiguo que Patio Bullrich. Sólo repite una y otra vez:

Aguante Milei.

En ese momento aparece de la nada alguien parecido al vaguito. Más o menos la misma edad, morocho, también sin camisa, pero con buenas zapatillas y un pañuelo enrollado en la muñeca. Grita una orden y empuja al vaguito, de la vereda a la calle.

—Rajá de aquí.

Tardo en darme cuenta que es el cuidacoches de la parrilla. No puedo seguir masticando mi solomillo, seco como una suela. Terminamos el vino en silencio, no pedimos postre ni café, sólo la cuenta. Es posible que los acompañantes de las trillizas no sean lo que imaginé, sino abogados o directivos de empresas. Qué más da. Igual nos vamos con una imagen lacerante de algunos de los protagonistas de este momento argentino. Los que les dan coraje a los Hermanos Milei para seguir zumbando en torno de sus adversarios políticos.

Nido de ratas

Durante un acto libertario en Corrientes, el Presidente definió al Congreso de la Nación como un nido de ratas. Esta definición representa un paso más allá en su escalada contra el sistema institucional que le permitió llegar a la posición que ocupa.

En una de las películas de Frank Capra contra la corrupción del sistema político de Estados Unidos en la década de 1930, James Stewart derrota a los malvados movilizando a la sociedad, en particular a los jóvenes. Es lo que se proponen los Hermanos Milei, convencidos de que el 56% que los votó respalda cada una de sus medidas de gobierno. Varios sondeos de opinión señalan que aunque el apoyo sigue siendo alto, ha declinado en todos los partidos del Gran Buenos Aires salvo tres del norte próspero. Y sobre todo, que no hay aprobación para las medidas concretas del gobierno.

Tampoco el tiempo del que dispone es ilimitado. Todo lo contrario. Un sondeo nacional online de la consultora Taquion indica que el 70% de una muestra de 1.621 casos no está dispuesto a esperar al gobierno más de un año para ver mejoras. Peor aún: a más de la mitad de la muestra la paciencia apenas le duraría a lo sumo seis meses. La recolección de datos terminó el último día de enero, de modo que en el mes aniversario de la Independencia se verá qué era la luz que asomaba al final del túnel. Antes, habrá otras pruebas colectivas de fuerza. La primera, el paro internacional del 8 de marzo, al que CTERA ya expresó su adhesión. La segunda, el 24 de marzo, en el 46° aniversario del golpe de 1976. Por lo pronto, Milei ya ha conseguido algo que ni Macrì pudo lograr: por primera vez, este año habrá una sola movilización, en la que se repudiará tanto aquella catástrofe que dividió como un tajo la historia argentina, como la emulación de sus políticas por parte de un gobierno que está dispuesto a ir más allá de lo que se permitieron Videla y Martínez de Hoz, temerosos de que sus medidas pudieran ser capitalizadas por el peronismo y las organizaciones político-militares. El miércoles también pararán los sindicatos aeronáuticos de Aerolíneas Argentinas, APA, APLA y UPSA, en rechazo a una oferta salarial del 12% a cobrar recién en abril, que implica una pérdida de 70% de poder adquisitivo respecto de la inflación.

La unidad nacional en juego

El miércoles vence también el plazo que el gobernador macrista de Chubut, Ignacio Torres, le fijó al gobierno nacional para transferirle 13.500 millones de pesos “que le retuvo ilegalmente”. De lo contrario, cerrará la válvula que permite el envío del petróleo que se extrae en el Golfo de San Jorge. Esto es un tercio de sus ingresos mensuales. Brutal. El gobierno respondió que la detracción corresponde a la cuota vencida de un préstamo contraído por el ex gobernador Mariano Arcioni, con garantía de la coparticipación.

El comunicado de la provincia que anunció la intimación es de una dureza sin precedentes: afirma que está en riesgo la “existencia misma de la República Argentina”. Lo firman también otros cinco gobernadores patagónicos de distintos partidos: el pampeano Sergio Ziliotto y su colega de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, ambos de Unión por la Patria, y los provinciales Rolando Figueroa (Neuquén), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Alberto Weretilneck (Río Negro). Pero luego se sumaron también los gobernadores patriotas Axel Kicillof (Buenos Aires), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Ricardo Quintela (La Rioja); los otros nueve gobernadores de la UCR y el PRO: Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Leandroi Zdero (Chaco), Gustavo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis) y hasta Jorge Macrì (Capital Federal) y el cordobesista indescifrable Martín Llaryora, que pasó del mejor amigo de Milei a su más vocal adversario. La firma del primo inteligente de Macrì  preanuncia el distanciamiento entre el ex presidente y el actual.

El documento de los gobernadores patagónicos se titula “Las provincias unidas del Sur”, una referencia apenas velada a la denominación de la Nación Argentina antes de la unidad nacional: “Provincias Unidas del Río de la Plata”, que aun tiene rango constitucional. Merece ser leído en su totalidad.

No contiene insultos alla Milei, pero le atribuye “una acción criminal que persigue hacer sufrir a sus habitantes para forzar a su gobierno”, que es “disolutoria del sistema federal “. Torres reveló que durante la semana su decisión ya había sido comunicada a Caputo, a Maurizio Macrì, a Patio Bullrich y a las empresas que explotan yacimientos en la cuenca (Panamerican, de los Bulgheroni; Tecpetrol, de Paolo Rocca,  YPF, Capex y Capsa). “Que me metan preso, que me manden la Gendarmería”, concluyó Torres. Milei respondió que era una amenaza chavista y extorsiva, por parte de “degenerados fiscales”, dijo que “Nachito” podía cortar el suministro de inmediato, y atenerse luego a las consecuencias judiciales.

Hasta el jefe del bloque libertario en la Cámara de Diputados, Oscar Zago, disintió con el calificativo presidencial al Congreso. Por supuesto, lo hizo en el estilo extravagante que caracteriza a su fuerza: dijo que él no era una rata sino un hurón, cazador de ratas, y que en el Congreso no encontró ninguna.

El encono presidencial con el Poder Legislativo es comprensible: se encuentra en absoluta minoría en ambas cámaras, no consiguió que la de Diputados le aprobara la primera ley de su mandato y sólo mediante maniobras de dudosa constitucionalidad ha conseguido que mantenga precaria vigencia su primer decreto de necesidad y urgencia, que deroga 79 leyes y modifica 300 sobre una interminable lista de temas.

Mala Estrella

La Vicepresidenta Victoria Villarruel reunió por primera vez a la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, que eligió como presidente al senador riojano libertario Juan Carlos Pagotto y pasó a cuarto intermedio por una semana. Los patriotas objetaron a los gritos la proporción de integrantes de la comisión, que dejó en minoría al bloque más numeroso en ambas cámaras. El presidente de los diputados libertarios Oscar Zago explicitó la estrategia: “Que el decreto de necesidad y urgencia 70/23 nunca llegue al recinto”. Para ello tratarán en orden cronológico un centenar de decretos del Doctor Fernández, hasta llegar al de Milei, de a dos o cuatro por mes. Pagotto fue repudiado por los organismos de derechos humanos por haber sido defensor de tres condenados por el asesinato de los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longeville, entre ellos el comodoro integrista Luis Fernando Estrella, partícipe en uno de los alzamientos carapintada del ex coronel Mohamed Seineldín, en 1988. La ley que regula el funcionamiento de la comisión le asigna diez días hábiles para tratar un DNU, que en este caso vencieron hace más de un mes. Por eso, los patriotas reclaman que se trate directamente en el recinto, como también habilita la ley.

Los modos de Milei superan incluso lo usual durante los gobiernos de facto. Una cosa es denunciar que algunos legisladores pretenden negociar su apoyo a cambio de beneficios para sus provincias o incluso personales, y otra considerarlos ratas. Lo primero es típico de la negociación democrática, en un sistema concebido para reforzar los controles recíprocos, en el que hay que ganar varias elecciones seguidas para unificar posiciones entre los dos extremos de la Avenida de Mayo. Los Hermanos Milei se niegan a aceptarlo, invocando un mandato que consideran absoluto e imperativo. Con las ratas no hay contemplaciones. Haber constituido a los gobernadores de todos los signos políticos en un enemigo unificado es una proeza que nadie había logrado hasta ahora. Hay que remontarse a los últimos meses de la dictadura y los primeros de Alfonsín para encontrar temores por la subsistencia de la Argentina como Nación.

No por casualidad, tanto La Nación cuanto Clarín, en sus artículos escritos y en sus pantallas, han calificado como “guerrilla” a los paros dispuestos por distintos gremios de trabajadores. En los debates de la década de 1970, se instaló el pedido de exterminar como ratas a los militantes en organizaciones revolucionarias.

Ese lenguaje se reinstala en un contexto político y social por completo diferente. Entonces hubo organizaciones que también abrieron fuego contra sus oponentes, al principio para forzar una apertura electoral, y luego como parte de un proyecto ideológico distinto. Ahora la única equivalencia válida es el atentado en que se intentó quitar la vida a la entonces Vicepresidenta CFK.

El precursor de la confusión entre sindicalismo combativo y lucha armada fue el presidente de la UCR, Ricardo Balbín, quien luego de la muerte de Perón llamó “guerrilla industrial” a los trabajadores y sus organizaciones que reclamaban por las condiciones laborales y los salarios en las empresas de Acindar y Techint. Este fue el preludio a la violenta irrupción parapolicial en Villa Constitución y, poco después, al golpe de marzo de 1976, que revirtió todas las conquistas laborales de los años previos, como contó Victorio Paulón en su libro sobre el villazo.

Dale de comer al burro

Tanto Cristina en su último documento de trabajo, “Argentina en su tercera crisis de deuda” como CIFRA y FLACSO en su estudio sobre “La teoría del ciclo del eterno retorno. Los desafíos que enfrentan los sectores populares en la etapa actual”, advierten que el fin último de los Hermanos Milei es la dolarización y el aumento del endeudamiento soberano en moneda dura. Esto “implicará la clausura definitiva a la posibilidad de desarrollar nuestro país con inclusión social” (Cristina) y consumará “una profunda revancha social en contra del movimiento popular por parte de los sectores dominantes”, poniéndole “punto final a la alternancia entre los gobiernos neoliberales y los nacionales y populares mediante la imposición de situaciones objetivas difícilmente removibles” (Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli).

La única corrección que el Presidente formula a este diagnóstico, es que no se propone decretar la muerte de la moneda nacional, sino ponerla en libre competencia con cualquier otra. De este modo se lograría un efecto similar, pero sin temor a la declaración de inconstitucionalidad que anticipó el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti.

La visita de la subdirectora del FMI, Gita Gopinath, puso de relieve algunos puntos críticos que el gobierno prefiere minimizar. En un comunicado de balance reconoció tanto lo que considera progresos como aquello que evalúa como dificultades. Entre los primeros se cuenta el superávit fiscal que el gobierno se jacta de haber alcanzado en su primer mes de gestión. Entre los segundos, su enorme costo social y su dudosa sustentabilidad política. No por casualidad, Gopinath se despidió del Presidente y marchó al encuentro del hombre fuerte de la CGT, Gerardo Martínez. La declaración de la economista indio-estadounidense reclamó “apoyar a los segmentos vulnerables de la población y preservar el valor real de la asistencia social y las pensiones, así como garantizar que la carga del ajuste no recaiga desproporcionadamente en las familias trabajadoras”. Agregó que el gobierno debería “trabajar de forma pragmática para conseguir apoyo social y político”, como garantía de “la durabilidad y eficacia de las reformas”.

Este conciso gráfico de CEPA explica el escepticismo de Gopinath:

No hay Gita para dolarizar

Martínez es el representante ante los organismos internacionales de la CGT, que aprobó en forma explícita el contacto. Según declaró luego, le dijo a la inspectora que el DNU de Milei (no aclaró si el primero o el que esta semana desreguló la competencia con las obras sociales sindicales de las organizaciones financieras que prestan servicios médicos) “puso en tela de juicio el contrato social del país. Este ajuste a los cachetazos es riesgoso”. Agregó que “es necesario un acuerdo político, que genere confianza, seguridad jurídica para atraer inversiones”. Reiteró lo que ya le había dicho a Guillermo Francos: que la CGT podría avalar incluso una reforma laboral “si fuera consensuada y no por decreto”. Martínez pidió al Fondo que mediara ante el gobierno de los Hermanos Milei dado que “sin diálogo, vamos a resistir. En la Argentina no hay fuerza política que pueda resolver las cosas en soledad, es necesario que haya diálogo institucional”. Todo lo contrario: el vocero presidencial anunció una resolución que desenganchará los planes sociales del salario mínimo vital y móvil. Desde 2020, el Potenciar Trabajo equivalía a la mitad del SMVM.

En diversos off the record con periodistas complacientes, Caputo reveló que habían pedido un nuevo desembolso al FMI, como garantía de la dolarización y de la eliminación de los tipos de cambio diferenciados, lo que en el distorsionado lenguaje político local se denomina el cepo cambiario. Su aspiración de máxima es un nuevo endeudamiento de 15.000 millones de dólares, la de mínima de 5.000.

Caputo brinda definiciones políticas de enternecedora ingenuidad. En una entrevista con Jonatan Goldfarb, que saltó de la pantalla de La Nación a la de Clarín, dijo que Milei era una estrella global, y que eso traería inversiones a la Argentina. Su visión sigue siendo la de un mesadinerista, especializado en gestionar préstamos.

Una nota auspiciada por la cámara de empresas mineras en el diario que regentea otro dirigente de la CGT, reseña los seis proyectos de minería del cobre que podrían operar a corto y mediano plazo. Admite que las primeras exportaciones podrían producirse en 2027, por apenas 300 millones de dólares, que superarían los 8.000 en 2035. Además, la cosecha de soja y otros granos será muy inferior al cálculo optimista que prevaleció hasta hace poco y a precios 30% más bajos de lo que se esperaba. La producción de petróleo y gas no convencional reducirá la factura de importaciones y, dentro de unos años, generará ingresos por exportaciones a Brasil, pero nada de eso ocurrirá en un plazo que coincida con las urgencias oficiales.

El proyecto de ley anunciado por Milei, que castigaría con cárcel a las autoridades del Banco Central e incluso al presidente que emita para financiar gastos del fisco, no será inmediato. El propio Milei dijo que lo enviará al Congreso cuando esté “en condiciones de abrir el mercado y se pueda construir las bases del sistema de competencia de monedas, manteniendo el peso”. Si tal cosa ocurre alguna vez, todo dependerá de las relaciones de fuerza legislativas y de la opinión judicial, dada la dudosa constitucionalidad de ese uso del derecho penal como instrumento de política económica.

El último mito

Por último, es un mito que se haya limpiado la deuda en pesos del Banco Central. Un trabajo del macro-economista Damián Pierri, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP, UBA-CONICET), que fue citado por un par de diarios económicos de Buenos Aires, sostiene que el balance del Banco Central no ha mejorado, como afirma el gobierno, sino todo lo contrario, si se considera no sólo la base monetaria más los pases, sino también lo que llama “la deuda latente del Central”. Se refiere a los seguros de liquidez que los bancos le exigieron a la autoridad monetaria para canjear sus pases del Banco Central por títulos del Tesoro.

Estos instrumentos, conocidos como puts, implican que el Central está obligado a recomprarles esos títulos a un precio predeterminado, cosa que ejecutarían si su cotización cayera. Esto obligaría al Banco Central a emitir, alimentando una corrida hacia el dólar. Pierri incluyó en su trabajo un gráfico impactante: desde que asumieron los Hermanos Milei, los pasivos remunerados se redujeron casi un 15%, pero si además se consideran los puts, aumentaron casi un 20%.

En un encuentro con hombres de negocios y economistas de la oposición, Gita había anticipado que el FMI no acompañaba la dolarización. No obstante, el ministro de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Antony Blinken, dijo en la conferencia de prensa posterior a su entrevista con el Presidente que su país está dispuesto a ayudar a la Argentina en el FMI. Aun así, se abstuvo de pronunciarse sobre la dolarización.

Lo más importante: Blinken sostuvo que veía “oportunidades extraordinarias en la Argentina, que tiene lo que el mundo necesita y nosotros queremos ser socios para ayudar a que pueda proveer de alimentos y energía al mundo”. También mencionó “minerales críticos”, en alusión al litio y el cobre. Es lo mismo que había dicho en agosto de 2022, ante empresarios reunidos por el Council of Americas, la celadora de presidentes y ministros, Susan Segal, al sentenciar que la Argentina tiene energía y alimentos para el mundo, abundantes minerales, como litio y cobre, servicios, tecnología y cadenas de valor. Luego de recibir ese apoyo, Milei voló a Washington para participar en una cumbre conservadora en la que no sólo se abrazó con Trump, sino que le deseó que volviera a ser presidente. En su discurso ante una sala desierta, Milei dijo que su consigna de despertar leones lo estaba logrando en todo el mundo (sic).

El túnel termina en julio

La suma de restricciones económicas y políticas deriva en la necesidad de un ajuste aun mayor, lo cual a su vez explica las dudas del Fondo Monetario sobre la sustentabilidad de una política que mañana será sometida a una prueba de fuego, cuando el paro decretado por CTERA impida el inicio de las clases en buena parte del país. El gobierno imagina que esto enfurecerá a los padres en contra de los docentes. Lo mismo piensa del paro de trenes que cumplió la última semana La Fraternidad. Por eso no solicitó la conciliación obligatoria, que hubiera impedido la medida y abierto un espacio de negociación. La ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal considera que su principal error fue la confrontación abierta con los gremios docentes, simplificada como la pugna entre el Hada Buena y el Ogro Malo. Un vocero de las grandes empresas lo definió en La Nación como “una puja por el desgaste”. También le atribuyó a “un dirigente peronista” esta síntesis: “El primer día de paro sin clases te quejás de Baradel, pero al quinto día te enojás con el Gobierno”. Vidal lo aprendió.

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