«Hay una sangría de recursos humanos y vienen por nuestros recursos naturales»
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- 17 de septiembre de 2026
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El físico y exrector de la Universidad Nacional de Córdoba, Francisco Tamarit, dialogó con Caballero de día acerca de los riesgos del desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, la necesidad de establecer mecanismos de regulación internacional y el lugar de Argentina en una disputa tecnológica global marcada, por la apropiación de recursos humanos y naturales.
Tamarit explicó que la inteligencia artificial representa una tecnología inédita porque, por primera vez, permite reemplazar o emular facultades mentales humanas y avanza a una velocidad que dificulta los controles. En ese marco, advirtió sobre los problemas de “alineamiento” entre los objetivos que se le asignan a estos sistemas y los parámetros éticos humanos, y señaló que algunos modelos ya demostraron capacidades de razonamiento matemático y lógico muy superiores a las esperadas. Frente a este escenario, defendió la necesidad de establecer controles en distintas escalas y, especialmente, acuerdos internacionales similares a los existentes para otras tecnologías de alto riesgo.
El exrector también vinculó el desarrollo de la inteligencia artificial con la disputa geopolítica y con el avance de sectores que promueven un capitalismo cada vez más concentrado. Al referirse a la Argentina, sostuvo que el país enfrenta una doble pérdida: “Hay una sangría de recursos humanos y vienen por nuestros recursos naturales”. Según Tamarit, las políticas científicas actuales resultan “expulsivas” y favorecen la salida de jóvenes investigadores, mientras que, al mismo tiempo, el país carece de una estrategia suficiente para proteger recursos como el litio, en un contexto en el que las materias primas críticas son cada vez más relevantes para la microelectrónica y las nuevas tecnologías.
Tamarit planteó que la Argentina conserva una importante capacidad científica y tecnológica, visible en sus universidades, centros de investigación y congresos científicos, pero advirtió que esa capacidad puede perderse si no existen políticas que permitan retener a los jóvenes y proteger los recursos estratégicos. “Tenemos que pensar estos temas como sociedad”, sostuvo, y remarcó que el desafío no consiste solamente en comprender qué hace hoy la inteligencia artificial, sino en discutir quién controla su desarrollo, bajo qué reglas y con qué participación de los Estados y de la sociedad.