De la utopía a la distopía
- Caballero de Día
- 7 de septiembre de 2026
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En su columna para el programa Caballero de Día, el historiador Sergio Wischñevsky reflexionó sobre la pérdida de proyectos colectivos y la evolución del concepto de futuro en la política y la cultura popular. Al analizar las narrativas de la coyuntura actual, advirtió sobre el avance de las miradas hiperindividualistas y contrapuso el modelo libertario con los orígenes de la teoría política: “Hoy los libertarios tienen su propia utopía en la Isla Próspera de Honduras, un experimento fuera del derecho internacional financiado por magnates, muy lejos de la utopía que imaginó Tomás Moro en 1516, donde la felicidad y la organización social se alcanzaban mediante la presencia del Estado y el uso común de los bienes”.
A lo largo de su exposición, el analista repasó cómo la literatura y la ciencia ficción reflejaron las expectativas de la sociedad según cada época, marcando un quiebre en la segunda mitad del siglo XX. Al recordar el optimismo de las producciones de mediados del siglo pasado en contraste con las narrativas contemporáneas, Wischñevsky señaló: “Durante décadas la ciencia ficción proyectaba un horizonte de progreso, pero a partir de los años 50 el género viró masivamente hacia la distopía; hoy la cultura popular nos muestra constantemente que el mañana será peor, lo que invalida cualquier intento de transformar la realidad”.
Asimismo, el historiador citó las tesis sobre el realismo capitalista para explicar cómo la falta de imaginación sobre alternativas al sistema económico vigente impacta de lleno en la participación ciudadana. Cuestionando la resignación del debate público frente a las demandas de los mercados, afirmó: “Como planteaba Mark Fisher, nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo; la omnipresencia de las ficciones distópicas nos ha desarmado políticamente, reduciéndonos a individuos aislados que solo buscan salvarse de manera individual”.
Finalmente, Wischñevsky hizo un llamado a la dirigencia y a los movimientos populares para recuperar la capacidad de proyectar horizontes deseables que vuelvan a movilizar a la sociedad. Reivindicando el valor histórico de los ideales comunitarios frente al pesimismo reinante, concluyó: “Es tan utópico creer que el mercado lo regula todo como apostar a que una buena organización estatal garantice el bienestar general; si tenemos que hacer apuestas políticas, debemos volver a construir una perspectiva de futuro en la que valga la pena creer”.