“Lo particular de Nordelta es el aislamiento y las tecnologías para aislarse del Estado”

“Lo particular de Nordelta es el aislamiento y las tecnologías para aislarse del Estado”

Ricardo Green, sociólogo y autor del libro Vivir en un barrio cerrado, dialogó con Bonavitta 530 y analizó el funcionamiento social, político y territorial de Nordelta, a la que definió como una ciudad privatizada con reglas propias y una lógica de separación deliberada de lo público.

Al inicio de la entrevista, Green explicó que Nordelta se presenta como un espacio natural y autosuficiente, pero que en realidad se trata de un territorio “hiperregulado y completamente manufacturado”, donde la vida cotidiana está atravesada por decenas de normas, protocolos y dispositivos de control. “Es un barrio que se piensa liberal y sin Estado, pero termina reproduciendo una regulación mucho más intensa que la estatal”, señaló, y remarcó que la búsqueda central de quienes se mudan allí es el confort, entendido como ausencia de fricción, de conflicto y de contacto con lo diferente.

El investigador subrayó que, pese a la narrativa de autosuficiencia, Nordelta depende a diario de miles de trabajadores que ingresan desde el exterior para sostener su funcionamiento. “Es un espacio que se imagina cerrado, pero por el que circulan todos los días empleadas domésticas, guardias, jardineros, pileteros. Esa contradicción es estructural”, explicó, y añadió que el barrio funciona como una ciudad mediana, con más de 50 mil habitantes y una proyección que duplica esa cifra.

Green también puso el foco en la forma de gobierno interno del complejo, controlado por la empresa desarrolladora y con escasa participación real de los vecinos. “No es un municipio ni una comunidad democrática: es una gestión privada del territorio, con poder concentrado y reglas propias”, afirmó. Esa lógica, sostuvo, genera tensiones internas, disputas por el uso del espacio y conflictos ambientales, como el caso de los carpinchos, que expuso las contradicciones entre la naturaleza “deseada” y la naturaleza real del Delta.

En ese marco, el autor sostuvo que el aislamiento estructural y la privatización de servicios generan una opacidad funcional a determinados negocios y prácticas ilegales. “Nordelta facilita ciertos delitos de cuello blanco porque se protege del Estado y desconfía de lo público”, afirmó, y recordó que algunos de los mayores operativos por lavado de dinero en la región ocurrieron en barrios cerrados y no en zonas populares.

Finalmente, Green planteó que el fenómeno de los countries interpela de lleno a la política y a las élites dirigentes. “Cuando quienes gobiernan también se aíslan en estos espacios, se debilita la idea de lo común y se vacía de sentido lo público”, advirtió. Para el sociólogo, Nordelta no es una anomalía, sino un síntoma: “Habla de un modelo de país fragmentado, donde una parte busca vivir como si el resto no existiera”.

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