La salud sí tiene precio en China

La salud sí tiene precio en China

Beijing construyó la red de cobertura sanitaria más grande del mundo, pero con una particularidad que sorprende: los pacientes están obligados a pagar y luego reciben algún reembolso del Seguro Médico Básico. De la irrupción de la IA a las deudas pendientes del sistema.

Por Fernando Capotondo

Más de 1.300 millones de personas gozan de la cobertura básica del seguro médico en China, dentro de un sistema sanitario que atiende a una quinta parte de la humanidad. En ese esquema, más del 90% de la población tiene acceso en 15 minutos a la atención que brindan más de 16 millones de profesionales en 1,1 millones de instituciones médicas. Detrás de estos impresionantes números, difundidos por el gobierno, funciona una lógica de mercado que puede sonar contradictoria para un país gobernado por el Partido Comunista: los pacientes chinos deben pagar por todas sus consultas, medicamentos, internaciones y operaciones. Es la salud con características chinas, podría definirlo un sinólogo.

Cuando una persona acude a un hospital público, debe hacerse cargo de los eventuales costos que demanden desde un sencillo diagnóstico médico en la guardia hasta las más complejas intervenciones quirúrgicas. Después interviene el Seguro Médico Básico que le corresponda, con porcentajes de reintegros que varían según el domicilio, el tipo de afiliación, el establecimiento elegido y la complejidad del tratamiento. En síntesis, la atención sanitaria está arancelada y el seguro interviene después, mediante distintos procedimientos de reembolso.

Detrás de este mecanismo funciona la mayor red de seguros de salud del planeta. Solo los trabajadores que realizan aportes regulares ya superan los 260 millones y durante el primer trimestre de 2026, las contribuciones al sistema generaron ingresos superiores a los 83.000 millones de dólares.

Para entender cómo funciona ese engranaje vale pensar en una suerte de combinación entre las obras sociales y los seguros de salud conocidos en Occidente, aunque multiplicados a una escala sin precedentes. Ocurre que China debe garantizar cobertura para una población que apenas supera los 1.400 millones de habitantes.

Dos seguros, un sistema

La columna vertebral del sistema descansa sobre dos grandes programas. El primero es el Seguro Médico Básico para Empleados Urbanos (UEBMI), que cubre a trabajadores formales y jubilados. Se financia mediante aportes de empleadores y empleados y suele ofrecer mejores niveles de cobertura.

El segundo es el Seguro Médico Básico para Residentes Urbanos y Rurales (URRBMI), donde se encuentran agricultores, estudiantes, desempleados, trabajadores informales y gran parte de la población rural. Tang Jiqiang, profesor del Instituto de Investigación Financiera de China de la Universidad de Finanzas y Economía del Sudoeste, explica que los subsidios estatales representan más del 60% de los ingresos de este último fondo, lo que permitió sostener la expansión de la cobertura y aliviar parte de la carga económica sobre millones de hogares.

Las diferencias entre ambos regímenes siguen siendo visibles. Un empleado de una empresa tecnológica de Shenzhen suele acceder a porcentajes de reembolso más elevados que un humilde agricultor de Gansu o Qinghai. Ambos forman parte del sistema, pero las prestaciones disponibles y los gastos que deben afrontar pueden ser muy distintos.

Esta organización ayuda a desmontar una idea muy extendida fuera de China. Aunque el país se define como socialista con características chinas, la cobertura médica no se organiza como un servicio universal y gratuito financiado íntegramente por el Estado. El acceso depende de un complejo sistema de seguros que combina aportes laborales, subsidios públicos y contribuciones individuales.

El modelo actual comenzó a tomar forma cuando el desarrollo del país dejó al descubierto una realidad compleja: mientras la economía crecía a una velocidad inédita desde los años ochenta, los gastos médicos aumentaban más rápido que los ingresos de las familias. La respuesta llegó a partir de 2009, cuando Beijing puso en marcha una reforma sanitaria de gran escala. 

Según la especialista en políticas de salud Winnie Yip, de la Universidad de Harvard, la cobertura pasó de alcanzar a cerca del 30% de la población a superar el 95% en apenas unos años, un proceso que no tiene antecedentes comparables por su velocidad y dimensión. La expansión del acceso a la atención médica acompañó una mejora sostenida de los indicadores sanitarios, a tal punto que la esperanza de vida alcanza hoy los 79,25 años, frente a los cerca de 35 años registrados en 1949, cuando se proclamó la República Popular China.

Médicos, algoritmos y distancias

La inteligencia artificial forma parte desde hace años del sistema de salud. La diferencia es que Beijing ahora busca convertirla en una pieza central de la política sanitaria, tal como lo plantea el XV Plan Quinquenal, que establece las prioridades de desarrollo entre 2026 y 2030.

Hasta mayo de 2025, China había desarrollado cerca de 300 grandes modelos de IA aplicados a la salud, al tiempo que los sistemas de diagnóstico por imágenes a distancia habían gestionado más de 68 millones de casos.

Detrás de este despliegue de algoritmos se esconde un problema histórico: los hospitales más prestigiosos, los equipos de última generación y los mejores especialistas están concentrados en las grandes ciudades de la costa, como Beijing, Shanghái o Guangzhou. Ante las dificultades para trasladarlos de forma permanente hacia las zonas rurales del interior, la tecnología funciona como un puente de emergencia y ayuda a compensar las brechas de desarrollo. Es decir, un paciente se somete a una tomografía en una ciudad pequeña del oeste, y las imágenes son enviadas a plataformas digitales donde pueden ser analizadas por especialistas que se encuentran a cientos o miles de kilómetros.

“Somos capaces de crear un estándar de IA médica que pertenezca a China, sirva a China y aporte soluciones chinas a la gobernanza global de la IA médica”, opinó Xiao Ruiping, ex decana de la Facultad de Tecnología del Futuro de la Universidad de Pekín.

Doctor ahorro

Como ya se señaló, la expansión de la cobertura aún está lejos de eliminar todos los problemas que afronta China en materia de salud. Yanzhong Huang, investigador especializado del Council on Foreign Relations y uno de los principales analistas del sistema sanitario chino, advierte que si bien la universalización de la cobertura es uno de los cambios sociales más importantes de las últimas décadas, aún persisten desafíos vinculados a la financiación, las desigualdades regionales y el envejecimiento de la población.

Este último factor aparece cada vez con mayor frecuencia en los documentos oficiales. Los mayores de 65 años representan alrededor del 15% de la población china, con más de 210 millones de personas. Y si se toma el umbral de 60 años, la cifra supera los 300 millones. Investigaciones publicadas por la revista BMJ Global Health señalan que el envejecimiento acelerado incrementará la presión sobre los fondos de seguro médico, los hospitales y los sistemas de cuidados prolongados durante los próximos años.

A eso se suman los gastos que continúan afrontando muchas familias. Los medicamentos de última generación, ciertos tratamientos oncológicos y terapias de alta complejidad pueden generar desembolsos difíciles de afrontar, aún con un sistema que reembolsa parte de lo gastado.

Ese fenómeno ayuda a explicar uno de los rasgos más característicos de la economía china. El elevado nivel de ahorro de los hogares no responde únicamente a una cuestión cultural. También está relacionado con la necesidad de prepararse para gastos médicos futuros que el seguro no siempre cubre de manera completa.

Al final del día, el modelo de Beijing es el reflejo de su pragmatismo político. No se trata de un estado de bienestar europeo ni de una utopía socialista a costo cero, sino de un laboratorio de ingeniería sanitaria. China logró asegurar la cobertura a una quinta parte de la humanidad, pero bajo una premisa implacable: en el gigante comunista, defender la salud no puede ser gratis.

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