Adriana Acosta, una desaparecida en la selección argentina de Hockey
- La García
- 15 de mayo de 2026
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En su habitual columna Deportivo Memoria para La García, Agustín Caballero rescató la historia de Adriana Inés Acosta, jugadora de la selección argentina de hockey sobre césped —el equipo que tres décadas más tarde sería bautizado como Las Leonas—, quien fue secuestrada y desaparecida durante la última dictadura cívico-militar. Nacida en Lomas de Zamora en 1956, Acosta fue una auténtica promesa del deporte: a los 16 años ya era capitana del equipo juvenil de Lomas Athletic y a los 17 debutó en la selección mayor como win derecho. «Era un proyecto de crack con un futuro enorme que quedó trunco por las atrocidades del terrorismo de Estado», relató el periodista.
A la par de su carrera deportiva, Adriana poseía un profundo compromiso social que la llevó a realizar tareas comunitarias en el hogar Patiño de Lomas de Zamora y a militar en el Partido Comunista Marxista Leninista. En 1974 se radicó en La Plata para estudiar Ciencias de la Educación y Medicina, ciudad donde llegó a compartir vivienda con Jorge Omar Bonafini y María Elena Bugnone Cepeda (hijo y nuera de Hebe de Bonafini). Para 1976, ante la ferocidad de la represión en los pasillos platenses, abandonó el hockey por motivos de seguridad y regresó a Buenos Aires, donde continuó con su militancia territorial.
El destino final de Adriana comenzó a sellarse el 27 de mayo de 1978 en Villa Devoto, cuando un grupo de tareas la secuestró a plena luz del día camino a una pizzería. Caballero detalló que la joven fue trasladada al centro clandestino de detención «El Banco», ubicado en La Matanza, donde se reencontró en cautiverio con su antigua compañera de vivienda, María Elena Bugnone. Se presume que Adriana formó parte de los trágicos «vuelos de la muerte» y fue arrojada a las aguas del Río de la Plata.
Para cerrar el homenaje, el columnista compartió el desgarrador testimonio de su hermano Marcelo: «Nunca viste un cuerpo y eso es lo que más afecta, no podés ir a ningún lado a llorarla. Lo único que puedo hacer es ir al monumento en la costa frente a Aeroparque y llevarle una flor». Al grito de Memoria, Verdad y Justicia, la columna reivindicó el nombre de Adriana Acosta: presente, hoy y siempre.