Raymundo Gleyzer: A 50 años de su secuestro y desaparición
- La tarde con Carlos Polimeni
- 27 de mayo de 2026
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En una emisión cargada de memoria e historia en La Tarde con Carlos Polimeni, el programa conmemoró el Día del Documentalista en la Argentina al cumplirse medio siglo del secuestro y desaparición del emblemático cineasta militante Raymundo Gleyzer. La mesa, integrada por Polimeni y Marina Glezer, se conectó a la distancia con Manhattan, Nueva York, para conversar con Juana Sapire, reconocida sonidista, compañera de vida de Raymundo y madre de su hijo Diego. Sapire compartió su profundo regocijo ante las jornadas federales de homenaje que proyectaron las obras de Gleyzer y del Cine de la Base en cincuenta salas de todo el país, incluyendo funciones especiales en el Cine Gaumont y en la sede de Directores Argentinos Cinematográficos (DAC). Sin embargo, contrastó este gran esfuerzo cultural con la llamativa ausencia de la televisión abierta nacional a la hora de difundir este material histórico.
Al rememorar los años de producción clandestina, Juana evocó con nostalgia una época en la que los valores materiales carecían de importancia frente a la mística y la felicidad colectiva de filmar junto a sus compañeros. Al ser consultada sobre su obra predilecta, no dudó en elegir Los traidores (filmada en 1972 y estrenada en 1973), una audaz ficción basada en hechos reales que desnudaba la burocracia y la corrupción sindical utilizando los propios discursos ridículos de los diarios de la época. Sapire relató con crudeza la paradoja del allanamiento tras el secuestro de Gleyzer, cuando tenía apenas 34 años: «Los hijos de puta se robaron hasta las cucharitas, el azúcar y la sal, pero por ignorancia o idiotez dejaron intactas las latas de 16 milímetros». Gracias a ese descuido de los represores, el invaluable patrimonio fílmico del director logró sobrevivir para las futuras generaciones.
El legado familiar y la vigencia política
El compromiso social de Raymundo Gleyzer continúa vivo en su entorno familiar. Su hijo Diego, radicado también en los Estados Unidos, se desempeña desde hace veinte años como trabajador social abordando realidades complejas y marginales en Nueva York, y con motivo del aniversario escribió una emotiva poesía bilingüe dedicada a su padre. Durante la entrevista, Sapire recordó la inquebrantable integridad del cineasta, quien desoyó las advertencias de no regresar al país y le respondió a su propia madre: «Si no hablo y digo lo que pienso, ¿qué clase de hombre soy?». Desde el exterior, Juana aseguró seguir minuciosamente el día a día de la realidad argentina, a la cual calificó como «horrorosa», reafirmando que el cine de Gleyzer —tanto en ficciones como en crudos documentales de la talla de México, la revolución congelada— mantiene intacta su potencia ideológica para interpelar el presente.