Mareco y la canción perfecta en La Tarde Con Carlos Polimeni
- La tarde con Carlos Polimeni
- 25 de febrero de 2026
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El músico y compositor Mareco pasó por La Tarde con Carlos Polimeni, el ciclo que conduce Carlos Polimeni en la AM530, y llevó al estudio su propuesta de “la canción perfecta”, un juego musical que transforma historias personales en canciones dedicadas en tiempo real. “Muy, muy feliz de estar acá”, dijo apenas tomó la guitarra, y explicó el espíritu de su idea: “No hay canción perfecta, nada es perfecto, pero charlo con la gente y les dedico una canción perfecta para ellos en ese momento”.
En ese sentido, el momento más emotivo llegó cuando interpretó el tema que le compuso a su hijo Vicente, inspirado en una frase que el niño le repetía: “Papá, te quiero y te quiero mucho”. Con la voz quebrada y el estudio en silencio, cantó: “Abro la puerta y te veo… no sé qué habré hecho en la vida que me haya ganado semejante bienvenida”. Más adelante, reflexionó sobre su estilo sin rodeos: “Soy muy cursi y compongo siempre desde una emoción”, y defendió esa elección como una forma honesta de habitar la música.
La propuesta de Mareco, que se presenta cada semana en distintos bares porteños, consiste en acercarse mesa por mesa y preguntar: “¿A quién le dedicarías una canción de tu vida?”. A partir de esa respuesta, improvisa el repertorio. “Desarrollás una telepatía en la mirada”, explicó entre risas, y agregó que el secreto es la empatía: “A veces la canción quiere acompañarte en lo que sentís y a veces quiere sacarte de ahí”. Para el artista, esa capacidad de conmover no es casual: “Lo único que quiero es eso, emocionar”.
Finalmente, el músico vinculó su concepción artística con una idea más amplia sobre la salud emocional. Al comparar su trabajo con el de su compañera, médica infectóloga, sostuvo: “A ella le gusta hacer llorar a la gente… pero de emoción, de esa que libera”. Así, entre humor y sensibilidad, Mareco defendió la potencia transformadora de la música como refugio en tiempos ásperos: “Las canciones tienen ese truco de hacerte sentir cosas diciéndotelas”. En una ciudad acelerada y muchas veces hostil, su optimismo sin cinismo aparece como un gesto artístico que, lejos de ser ingenuo, se vuelve profundamente político.