52 años de la muerte de Perón

52 años de la muerte de Perón

En vísperas del Día del Historiador —instaurado en recuerdo del decreto del Primero de Julio de 1810 dictado por las autoridades de la Revolución de Mayo para narrar la gesta patria a través de la pluma del Deán Funes—, Sergio Wischñevsky trazó un emotivo recorrido por las efemérides que marcan esta fecha fundamental. Tras evocar el trágico suicidio en el corazón de Leandro N. Alem el 1 de julio de 1896, tras dejar una premonitoria carta sobre la dispersión del radicalismo y las disputas con su sobrino Hipólito Yrigoyen, el historiador centró el eje de su columna en los 52 años del fallecimiento de Juan Domingo Perón, ocurrido el 1 de julio de 1974. Wischñevsky reveló detalles médicos sobre el retorno definitivo del líder en 1973, rescatando la advertencia que el doctor Flores Tascón le había formulado en España al anticiparle que regresar a la Argentina acortaría drásticamente su expectativa de vida. Pese al sombrío pronóstico, Perón antepuso su compromiso patriótico y asumió su tercera magistratura el 12 de octubre de ese año, en una brevísima gestión de apenas ocho meses marcada por una salud severamente deteriorada que le impidió realizar campaña electoral, lo que no evitó que se impusiera con un arrollador 62% de los votos ante un pueblo que lo esperaba con fervor.

El análisis pormenorizado de la AM 530 desmitificó las lecturas lineales sobre aquella tercera presidencia, describiendo un escenario signado por una tremenda conflictividad social, desabastecimiento provocado por la élite empresarial para desestabilizar los precios y la constante injerencia de la embajada de los Estados Unidos y la CIA. El columnista puntualizó que la violencia política diaria no provenía únicamente de las organizaciones armadas como el ERP y Montoneros, sino centralmente del accionar de la Triple A, configurando un cuadro en llamas que un Perón enfermo intentaba pacificar mientras cargaba con el dilema irresoluble de designar un heredero político que no fracturara aún más las irreconciliables tendencias internas del movimiento. Esta dramática inminencia de la muerte otorgó una altísima carga poética a su último discurso en la Plaza de Mayo el 12 de junio de 1974, apenas diecinueve días antes de su deceso, ocasión en la que se despidió de la multitud afirmando llevar en sus oídos «la más maravillosa música», que era la palabra del pueblo argentino.

La salud del mandatario sufrió un quiebre definitivo tras una oficial y gélida visita a Paraguay para encontrarse con Alfredo Stroessner, donde la exposición al frío y la lluvia le desencadenaron un edema pulmonar irreversible que se sumó a una miocardiopatía isquémica con arterias obstruidas y corazón dilatado. Wischñevsky revivió las horas de agonía en la Quinta de Olivos donde los médicos intentaron reanimarlo durante horas, recordando que las últimas palabras del general fueron «esto se terminó», mientras en el entorno íntimo operaban personajes delirantes como José López Rega, quien en pleno quiebre clínico pretendía coaccionar a los cardiólogos prometiéndoles títulos de nobleza si lograban salvar al presidente. El historiador rescató además el testimonio de Joseph Page sobre el encuentro reservado donde Perón le confesó con lucidez a Ricardo Balbín su proximidad con la muerte, un secreto a voces que semanas antes lo había llevado a amenazar con su renuncia ante los desacatos de las internas sectoriales, provocando una masiva e inmediata movilización espontánea de trabajadores que buscaban resguardar al conductor por encima de las facciones.

Finalmente, la columna aportó datos estadísticos contundentes que dimensionan la transformación social que defendía el peronismo al momento de la muerte de su líder: los trabajadores concentraban el 49% de la riqueza nacional —cifra que hoy no llega ni a la mitad—, la pobreza era un fenómeno absolutamente marginal asociado a la falta coyuntural de empleo, y existía una poderosa clase media que contenía las brechas de desigualdad. Wischñevsky reflexionó sobre la tragedia geopolítica que implicó la pérdida de este liderazgo aglutinador en una Sudamérica cercada por las dictaduras de Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia y Chile, siendo la Argentina el único enclave democrático que terminó disgregándose y debilitándose ante el avance del posterior golpe militar de 1976. Para concluir, la mesa periodística de Transición Ordenada trazó un paralelismo con el presente bajo la gestión de Javier Milei, advirtiendo sobre el persistente error histórico de las fuerzas de derecha que pretenden dar por muerto al peronismo tras las pérdidas de sus grandes conductores como Perón o Néstor Kirchner, ratificando la vigencia de un legado político y cultural que se niega a desaparecer de la memoria colectiva argentina.

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