En su editorial, Roberto Caballero analizó el desorden estructural de la economía argentina y sostuvo que precios, salarios y tarifas se encontraron completamente desalineados. Señaló que en los últimos meses se perdieron alrededor de 50 mil empleos privados, principalmente en la industria manufacturera, la explotación de minas y canteras y el sector agropecuario, lo que impactó de manera directa en miles de familias. En ese marco, afirmó que el modelo económico vigente dejó de considerar al salario como motor de la economía y lo redujo a un simple ancla para intentar contener la inflación.
Más adelante, Caballero remarcó que el propio gobierno terminó reconociendo la persistencia inflacionaria, incluso después de haber prometido estabilidad. “La única estabilidad que hay en la Argentina es la de los salarios”, advirtió, al describirlos como bajos o directamente pulverizados. También explicó que la implementación de bandas cambiarias, impulsada por el Fondo Monetario Internacional y actores financieros como el JP Morgan, profundizó la presión sobre los ingresos, ya que el dólar siguió siendo un precio formador que arrastró al resto de la economía mientras el ajuste volvió a recaer sobre los trabajadores.
En el mismo tono, el editorial puso el foco en el rol de la CGT y la necesidad de una respuesta sindical contundente frente a la reforma laboral. Caballero consideró que la central obrera debió haber reaccionado antes, pero destacó que ahora resultó clave respaldar su convocatoria y su papel histórico como dinamizadora de las luchas obreras. Al mismo tiempo, valoró experiencias sindicales que pusieron en el centro la dignidad salarial y recordó que el movimiento obrero argentino siempre estuvo ligado a proyectos políticos de país que jamás contemplaron salarios de miseria.
Hacia el cierre, advirtió que la flexibilización laboral implicó una transferencia brutal de ingresos desde los trabajadores hacia un puñado de grandes empresas y denunció el avance de un corporativismo que resignó la idea de comunidad. Para Caballero, la Argentina quedó atrapada en una democracia condicionada por los dueños del poder y del dinero, con una economía manejada como un casino y sin un proyecto nacional claro. “Sin voluntad colectiva y sin un horizonte común, nos vamos quedando sin país”, alertó, y concluyó que solo una recuperación del deseo de construir en conjunto permitió pensar una economía al servicio del bienestar y la calidad de vida de las mayorías.
