El delegado de los trabajadores del frigorífico Euro, Walter Navarro, dialogó con Caballero de Día acerca del conflicto que mantiene a 150 familias sin salarios desde octubre y a varias de ellas viviendo dentro de la fábrica, ante el abandono empresario y la falta de respuestas oficiales.
Desde hace más de dos meses, un grupo de trabajadores del frigorífico Euro permanece día y noche dentro de la planta ubicada en Villa Gobernador Gálvez, en el sur de la provincia de Santa Fe. Son empleados que no cobran sus salarios desde octubre y que, empujados por la falta total de ingresos, comenzaron a habitar el establecimiento junto a sus familias como último recurso de supervivencia.
Walter Navarro, delegado de los trabajadores, denunció que el conflicto ya lleva cinco meses y afecta a unas 150 familias. Según relató, la empresa —dedicada históricamente al procesamiento de menudencias y tripas para la industria alimenticia— pasó de tener 750 empleados a apenas 150, tras una serie de retiros forzados y despidos encubiertos. Desde fines de 2024, los dueños dejaron de pagar sueldos, aguinaldos y cualquier tipo de compensación, y directamente desaparecieron de la escena.
La firma está en manos de Guillermo y Nicolás Salimei, con el abogado Néstor González como apoderado y accionista, los mismos empresarios que enfrentan conflictos similares en otros frigoríficos del país. “Ajustan siempre por el lado de los trabajadores”, sostuvo Navarro, al detallar que no hubo explicaciones formales sobre el vaciamiento ni sobre la paralización de la actividad.
Actualmente, al menos 13 familias viven dentro de la planta. Hay trabajadores con hijos pequeños que debieron dividir a sus familias, enviando a algunos chicos a casas de abuelos por no poder sostener un alquiler ni servicios básicos. Otros compañeros sobreviven lavando autos dentro del predio o vendiendo comida casera en la calle para juntar lo indispensable.
Pese a que en las últimas semanas aparecieron interesados en hacerse cargo del frigorífico, las negociaciones no prosperaron. Mientras tanto, no hubo intervención efectiva del Estado provincial ni nacional. El conflicto se arrastra desde enero sin que el caso haya logrado instalarse en la agenda pública, más allá de la difusión en redes sociales y medios alternativos.
El escenario expone una postal cada vez más frecuente: empresas ligadas a la producción de alimentos —uno de los sectores más demandados a nivel global— paralizadas, trabajadores empobrecidos y un Gobierno que mira para otro lado. En nombre de un modelo que promete eficiencia y competitividad, se multiplican las fábricas vaciadas y las familias obligadas a vivir dentro de su lugar de trabajo para no quedar directamente en la calle.
Mientras se celebran las bondades del mercado y la apertura comercial, en Villa Gobernador Gálvez la realidad es otra: obreros sin salario, chicos durmiendo en una planta industrial y un conflicto que avanza sin respuestas. La promesa de que el ajuste traería crecimiento y empleo, una vez más, no llegó al portón del frigorífico Euro.
