En su columna para Caballero de día, Sergio Wischñevsky repasó la trayectoria de Domingo Faustino Sarmiento, donde destacó su papel en la construcción del sistema educativo y recuperó sus críticas finales al poder de los grandes terratenientes y a la concentración de la tierra.
Wischñevsky recordó que Sarmiento nació en San Juan en 1811 y que, sin provenir de una familia de la elite ni haber pasado por una formación universitaria, se convirtió en un intelectual autodidacta, periodista y político que llegó a la Presidencia entre 1868 y 1874. En ese recorrido destacó su pasión por la lectura, su producción de alrededor de 50 tomos y su concepción de la educación como una herramienta central para transformar la sociedad, además de reivindicar la Ley 1420 de educación laica, gratuita y obligatoria y su proyecto de las denominadas «escuelas palacio».
El historiador también abordó las contradicciones de Sarmiento, quien sostuvo posiciones profundamente despectivas hacia gauchos e indígenas y defendió la lucha contra la llamada «barbarie», pero que hacia el final de su vida comenzó a identificar al latifundio como uno de los principales obstáculos para el desarrollo argentino. En ese sentido, recuperó su defensa del modelo del pequeño productor estadounidense y su propuesta de convertir a los inquilinos en propietarios, al considerar que la distribución de la tierra estaba estrechamente vinculada con la construcción de una sociedad republicana y democrática.
Finalmente, Wischñevsky destacó las críticas de Sarmiento al endeudamiento externo y su creciente enfrentamiento con la oligarquía, y señaló la vigencia de una de sus preocupaciones centrales: la concentración de la riqueza y de la tierra. En ese marco, citó una de sus frases de los últimos años de vida, en la que cuestionaba que quienes no tenían «una vaca» debieran contribuir a multiplicar las fortunas de los grandes terratenientes, y sostuvo que esa tensión entre democratización política y concentración económica continúa atravesando la historia argentina.
