En una contundente entrevista realizada por Eduardo Fabregat en el aire de AM 530, el exjefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general retirado César Milani, trazó un diagnóstico radiográfico y alarmante sobre la crisis estructural que atraviesan las Fuerzas Armadas, «Las Fuerzas Armadas tienen sueldos de pobreza e indigencia», denunció. Al analizar el presupuesto sectorial de este año, el exjefe militar denunció que la partida asignada a la defensa nacional es la más baja de los últimos treinta años, habiendo caído drásticamente al 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Al contrastar esta realidad con el relato oficialista, Milani detalló los números fríos que exponen el ahogo presupuestario: «El presupuesto total de defensa es de 5.700 millones de pesos, de los cuales 5.000 millones se van únicamente en sueldos; quedan solo 700.000 millones para adiestramiento operacional, mantenimiento, funcionamiento e inversiones».
Al focalizar en la destrucción del poder adquisitivo de los uniformados, el referente castrense desmitificó los anuncios oficiales de recomposición salarial, tildándolos de «puro relato» cosmético y engañoso. Milani advirtió que el sesenta por ciento del personal militar en actividad se encuentra actualmente por debajo de la línea de pobreza, mientras que entre un veinte y un treinta por ciento —particularmente los soldados voluntarios y los suboficiales de menor rango— raspa directamente los niveles de la indigencia. El teniente general retirado enfatizó la gravedad de este escenario al recordar que el régimen laboral militar es de dedicación exclusiva y full time, lo que impide el pluriempleo, obligando a las jefaturas a tomar medidas insólitas: «Están licenciando a la gente al mediodía para que no coman en las unidades, y ese personal sale a la tarde a buscar un segundo o tercer empleo para poder mantener a sus familias».
Asimismo, el exjefe del Ejército desarmó la trama detrás del promocionado aumento por suplementos de grado, explicando que el mismo constituye un beneficio selectivo que apenas alcanzará a uno de cada tres integrantes de las fuerzas y que excluye por completo a los 25.000 soldados voluntarios del país. El militar denunció además que el supuesto plan de reequipamiento y la compra de los aviones F-16 se financió mediante la confiscación encubierta de los haberes de la propia tropa: «En los últimos dos años y medio hubo una licuación total que ahorró 1.200 millones de dólares de los salarios; de ahí sacaron 500 millones para comprar aviones. Los compraron con los sueldos de pobreza e indigencia del personal». A este sombrío panorama salarial, Milani sumó la virtual quiebra de la obra social castrense (IOSE), arrastrando un pasivo de casi 300.000 millones de pesos que ha dejado desamparados a pacientes con enfermedades terminales, lo que vinculó directamente con trágicos y silenciados casos de suicidios en los cuarteles.
Hacia el cierre de la entrevista, César Milani ratificó su vocación política de cara a los desafíos electorales del próximo año, manifestando sus intenciones de articular una alternativa electoral que logre contener las demandas postergadas de los sectores soberanistas. El general retirado, quien recordó haber sido absuelto de todas las causas judiciales que enfrentó, señaló que se encuentra tejiendo lazos activamente con la militancia y con diversos cuadros de la conducción partidaria: «Estoy trabajando con compañeros y sectores nacionalistas; espero que se abra un canal dentro del peronismo para participar de forma definida». De este modo, el pronunciamiento de Milani no solo desnuda la hipocresía de una gestión que utiliza el uniforme militar como escenografía mientras hambrea a sus cuadros, sino que vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad imperiosa de que el campo nacional y popular recupere la agenda de la defensa nacional y la soberanía estratégica, entendiendo que no existe una patria grande posible si quienes tienen la misión de custodiar sus fronteras son empujados diariamente a la miseria y el olvido por el egoísmo de la partidocracia liberal.
