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Horacio Verbitsky: Des-organi-zados – El Cohete a la Luna

Hace poco más de un año, Horacio Rodríguez Larreta hablaba como el inevitable Presidente argentino a partir de 2024. Pero en las Primarias de agosto apenas obtuvo el 11% de los votos.

En el semestre previo a esa elección, Patio Bullrich era la gran favorita y hasta había comenzado a repartir cargos en su gabinete ministerial. La noche del escrutinio su sonrisa mecánica mostraba que aún no había comprendido que el 16% de los votos que obtuvo, más la animosidad con que se había relacionado con Rodríguez Larreta, liquidaban sus ilusiones presidenciales.

En la semana posterior a esas PASO, Javier Milei proclamó que ganaría la presidencia en la primera vuelta del 22 de octubre. Es decir, con el 45% de los votos o, en su defecto, 40% pero al menos 10 puntos de ventaja sobre la segunda fórmula. Por eso su desolación al constatar que se había estancado por debajo del 30% de los votos, un porcentaje incluso inferior al de las primarias.

El inesperado triunfador en las elecciones generales fue el Ministro de Economía Sergio Tomás Massa, con el 36,7% de los sufragios, apenas un 10% menos de lo necesario para consagrarse esa misma noche, sin necesidad del balotaje.

Más allá de las recriminaciones cruzadas, hay consenso en que el fracaso electoral de la coalición que todos daban por vencedora se debió a la batalla incesante y despiadada entre sus dos precandidatos. Y también en que esa odiosidad fue inducida por el ex Presidente Maurizio Macrì, quien hasta había titulado Segundo Tiempo su libro de lanzamiento de campaña.

Todavía el domingo pasado, se aventuró a atribuir la derrota en las generales a que él no había sido el candidato. El rotundo peluche de colores que conduce el show de entretenimiento político de la televisora del Grupo Clarín lo escuchó impávido. Después diría que Massa es un tipo inteligente. Y el escritor del libro de Macrì, su ex ministro Pablo Avelluto, dijo que había probado la droga del antikirchnerismo, pero que la había dejado.

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De cara al balotaje, Clarín ha abandonado hasta el último vestigio de periodismo, en favor de su cobertura militante. Para su columnista Eduardo van der Kooy, nadie conoce si Massa tuvo que ver con el embarque y desembarque de Luis Barrionuevo del bando libertario. «Encajaría, sin embargo, con su estilo turbio». Para Pablo Vaca «increíblemente, ni la economía resultó determinante» en el resultado electoral, dada la «aparente inmunidad del ministro/candidato a las consecuencias de la crisis». Esto «va más allá de su receta habitual de una mentirilla por aquí, un pase de manos por allá y una acusación a un tercero en el medio, todo condimentado con cara de piedra y tono calmo. Las balas no lo rozan, y si lo rozan no lo matan. La corrupción no lo afectó: a sus votantes evidentemente no les importaron ni el yate de Insaurralde, ni las tarjetas de Chocolate Rigau, ni los nuevos juicios a Cristina. (…) Tampoco lo dañó la inseguridad, que parecía haber resurgido antes de las PASO, con el crimen de Morena, la nena de 11 años asesinada por motochorros cuando iba a la escuela, en Lanús. Fue hace dos meses y medio. Pero ya nadie se acuerda de Morena».

Con una prudencia que no tuvieron Horacio Rodríguez Larreta, Patio Bullich ni Javier Milei, Massa ha redoblado la cautela para no dar pasos en falso que lo agreguen a la nómina de vencedores vencidos. Estos son algunos componentes de su estrategia:

Un patrón de conducta

Del otro lado de la confrontación, aun no es claro si la audaz irrupción de Macrì robustecerá la campaña de Milei o terminará de aplastarlo, como ya hizo con Rodríguez Larreta y Bullrich. Por lo pronto ha abierto frentes de conflicto en todas las fuerzas del bloque, con excepción de la Coalición Cívica Libertadora, que sólo escucha los soliloquios de Elisa Carrió, quien apeló al recurso del cansancio moral para advertir que no pasará por el cuarto oscuro. Más apego a las tradiciones de la UCR no se consigue. Basta recordar el abandono de la Convención Reformadora de la Constitución en 1949. Que otros se hagan cargo, el radicalismo no se contamina.

El entendimiento entre los libertarios y el PRO expresa afinidades que van más allá de las personas. Pero el modo avasallante en que Macrì copó la escena justifica la observación de Sergio Berni de que no está claro si el candidato es Milei o el ex Presidente y ha creado malestar en ambos campos. En la señal de noticias por cable que responde a Macrì, uno de sus guacamayos interrogó a Milei y como fondo puso el pliego de condiciones procaces.

Esto forzó a Milei a desmentir cualquier imposición. Por un lado, dijo que las coincidencias entre ambas fuerzas cubrían el 90% de los temas y como única diferencia marcó su propuesta de dolarización. Así fuera cierto que no hay otro disenso, el cálculo porcentual es una falacia, que equivale a decir que Buenos Aires y Córdoba son el 10% de las provincias argentinas. Pero, además, grabó un insólito video, en el que lee en tono desganado las promesas de campaña posteriores al encuentro con Macrì.

Su opinión sobre el ex Presidente puede encontrarse en una entrevista radial previa a su candidatura: «Kirchnerista de buenos modales», lo llama.

También publicó la foto de una estación de servicio Shell, donde llena el tanque de su moto un motociclista con uniforme de YPF. El playero de la foto, Mauro Ibarra Molas, pidió la palabra en Instagram para corregir que la foto era de 2016 ó 2017, que fue su periodo laboral allí antes de recibirse de arquitecto en una universidad pública. «Sólo hay libertad cuando hay igualdad de oportunidades. ¡Viva la democracia!», concluyó.

El impacto de la derrota y el acercamiento a Macrì también causaron un reordenamiento de la vocería libertaria, con el propósito de impedir que espontáneos como Alberto Benegas Lynch (h) o Lilia Lemoine avancen con propuestas estrambóticas, como la suspensión de relaciones con el Vaticano o la renuncia a la paternidad por presunción de forro pinchado. No obstante, los traspiés continuaron a buen ritmo:

Premio compartido

La semana pasada publicamos una foto extraordinaria, que capta el momento en que Maurizio Macrì intenta consolar a la devastada Patio Bullrich, quien ni siquiera retuvo los votos que JxC había obtenido dos meses antes en las elecciones primarias. Se la atribuimos al reportero gráfico de La Nación, Fabián Marelli. En realidad se trataba del disparo de su colega de Clarín, Federico López Claro, quien tuvo la gentileza de hacérnoslo saber. Ambos gatillaron al unísono, desde posiciones muy próximas.

En la de López Claro, sobre la derecha asoma el diputado Fernando Iglesias. En la de Marelli, a la izquierda se alcanza a ver a Hernán Lacunza y José Luis Espert. Ambas son como cuadros del Renacimiento, estudios de gestos y actitudes de consternación y dolor. Si hubiera que otorgar un premio, sería compartido.

En las dos se advierte la centralidad de Macrì, que domina la escena. Esto se verificaría pocas horas después con el encuentro de medianoche convocado por Macrì en su casa para ordenar a Bullrich y Milei. Esto fastidió a la conducción radical (los derrotados Gerardo Morales y Martín Lousteau son su presidente y vice), pero también a la decena de gobernadores cambiantes, que hicieron valer su responsabilidad administrativa. No se pronunciarán por ningún candidato y les interesa la mejor relación con quien se imponga. Es decir, votarán a ganador, otra tradición añeja.

Ni siquiera el alcalde porteño electo, Jorge Macrì, se pronunció en favor del voto a Milei. Sin mayoría propia en la Legislatura, necesita de todas las fuerzas que su primo desprecia. La relación entre ambos nunca fue simple. En 2009 Maurizio le pidió a Jorge que se alejara, porque el secretario administrativo del bloque bonaerense habría solicitado dinero en su nombre. “Si lo hizo fue sin mi conocimiento. Échenlo”, respondió. Seis años menor que Maurizio, Jorge Macrì también chocó con Nicky Caputo y José Torello, quienes mencionaron ante periodistas la existencia de un video sobre placeres de su vida privada. En un diálogo sin cortesías, los amenazó con una conferencia de prensa junto con su esposa de entonces para negar esa versión e identificar a sus propagadores. En la tensa reunión que reunió a los dos primos, Jorge Macri se negó a alejarse de la política: “Si hay algo que no te debo es el apellido”, le dijo. En 2021, la publicidad del ya intendente de Vicente López giraba en torno de la diferenciación con su primo, cosa que hacía explícita de este modo:

¿Cómo incidirán los negocios en esta relación, cuando Jorge asuma en la Ciudad, si Maurizio es entonces apenas una sombra?

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