El director de «Adiós Sui Generis», Bebe Kamin, habló en #LaTardeConPolimeni sobre el reestreno del documental sobre la mítica despedida del grupo integrado por Charly García y Nito Mestre.
A más de 50 años de su filmación, “Adiós Sui Generis” volvió a las salas y reactivó una memoria colectiva en nuestra cultura nacional. Su director recordó que el reestreno no tuvo una recepción inmediata, pero sí una respuesta contundente del público: “La distribuidora, confiando en la película, insistió y por suerte se repuso en el cine, y prácticamente todas las funciones están muy concurridas, así que ahí volvió el público”, señaló, sorprendido por la vigencia del film.
La génesis del proyecto no fue, según explicó, la de un simple registro musical. “La idea de hacer una película de un conjunto de rock mucho no me convencía porque era lo más fácil que se podía ocurrir”, afirmó. En cambio, eligió otra premisa: “¿Cuál es la relación entre el artista y el público, entre el escenario y la platea?”. Esa decisión marcó el tono de una obra que puso el foco tanto en Sui Generis como en una juventud que “conocía todas las letras, tarareaba las canciones y hasta bailaba con esos ritmos”.
Desde esa mirada, el documental amplió su universo narrativo. “Me asumí como director y por lo tanto como autor de la película, no del concierto, pero sí de la película”, sostuvo, reivindicando el rol autoral del cineasta. La inclusión del público, los sketches y figuras como Norma Pons no fue casual: “Fue una decisión de que las cámaras no miraran solo el escenario, sino también al público y nutrir el documental con otros elementos”.
El contexto histórico atraviesa inevitablemente a Adiós Sui Generis. “1975 fue una época muy oscura de la historia argentina”, recordó, en referencia a la muerte de Perón, el accionar de la Triple A y la inminencia del golpe militar. Sin embargo, el Luna Park funcionó como un refugio: “Era una especie de búnker donde no se respiraba la represión, sino una sensación de alegría y libertad”. Para el director, ese clima convirtió al recital en “una isla separada de una realidad terrible que la rodeaba”.
La censura terminó de sellar el destino político de la obra. “Antes de estrenarse, la película fue prohibida”, contó, y explicó cómo empezó a circular de manera clandestina: “Se daba en salas que no tenían existencia oficial, pero la gente sabía por boca a boca”. A pesar de todo, concluyó: “En alguna medida la película logró hacer una inserción de lo democrático dentro de la dictadura”, confirmando que Adiós Sui Generis es mucho más que un recital filmado: es un acto de resistencia cultural.
