La reflexión colectiva en Siempre es Hoy entre la destacada economista Cecilia Rikap y el periodista Daniel Tognetti, quienes abordaron el impacto de la inteligencia artificial en la economía, el trabajo y la soberanía tecnológica.
La economista Cecilia Rikap advirtió que la inteligencia artificial no constituye un fenómeno autónomo ni “alienígena”, sino que se trata de “modelos estadísticos avanzados” que dependen del trabajo humano, los datos y una infraestructura altamente concentrada a nivel global.
Durante un conversatorio en Siempre es Hoy junto a Daniel Tognetti, la especialista explicó que estas tecnologías “se producen colectivamente”, pero su control y apropiación están en manos de un puñado de grandes कंपनías tecnológicas, principalmente de origen estadounidense.
Rikap señaló que el desarrollo de la inteligencia artificial requiere no solo programación y datos, sino también centros de procesamiento que consumen grandes cantidades de energía y agua. “Los centros de datos ya consumen más electricidad que países enteros y generan impactos ambientales y sociales en las regiones donde se instalan”, afirmó.
En ese marco, advirtió que el avance de estas tecnologías no necesariamente implica mejoras en la productividad a nivel general. “Puede aumentar la productividad en algunos sectores, pero al mismo tiempo destruir empleo, precarizar condiciones laborales y reducir salarios”, sostuvo.
Según explicó, el efecto agregado puede derivar en una caída de la demanda, al concentrarse los ingresos en sectores reducidos de la población. “Se puede tener crecimiento económico sin desarrollo, con mayor desigualdad”, indicó.
La economista también puso el foco en la “monopolización del conocimiento”, donde grandes empresas como Google, Amazon o Microsoft articulan redes globales de investigación, muchas veces financiadas con recursos públicos, pero que luego son apropiadas de forma privada.
“Estas compañías no solo concentran valor económico, sino también capacidad de decisión sobre qué tecnología se desarrolla y cuál no”, advirtió.
Finalmente, Rikap planteó la necesidad de discutir la soberanía tecnológica en términos democráticos. “No alcanza con más inversión pública: hay que definir colectivamente qué tecnología queremos, cómo se produce y para qué”, sostuvo.
En ese sentido, propuso avanzar hacia esquemas de cooperación internacional y participación social que permitan disputar el control de estas herramientas estratégicas. “Sin democratizar la tecnología, no hay posibilidad de una democracia real”, concluyó.
