En diálogo con Transición Ordenada, el reportero gráfico Pepe Mateos recordó la cobertura de la represión del 26 de junio de 2002 y sostuvo que las fotografías tomadas ese día fueron determinantes para reconstruir lo ocurrido en la estación Avellaneda, donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
A 24 años de la denominada Masacre de Avellaneda, Mateos afirmó que la magnitud de la represión sorprendió incluso a quienes cubrían la movilización y recordó que, tras impedir el acceso de las organizaciones al Puente Pueyrredón, las fuerzas de seguridad continuaron persiguiendo a los manifestantes durante varias cuadras. «No podía entender por qué seguía la represión si ya habían dispersado la protesta», señaló.
El fotógrafo relató que llegó a la estación Avellaneda creyendo que el operativo había finalizado, pero encontró a Maximiliano Kosteki gravemente herido y a numerosas personas afectadas por los gases lacrimógenos. Minutos después, observó el ingreso del comisario Alfredo Franchiotti y otros efectivos, mientras Darío Santillán intentaba asistir a Kosteki. «Cuando entran Franchiotti y Acosta, Darío se levanta y sale corriendo. Ahí escuché los disparos», recordó, al describir una escena que calificó como de extrema violencia.
Mateos también repasó el impacto que tuvo el material fotográfico en la reconstrucción judicial y periodística de los hechos. Explicó que, al regresar a la redacción, aún predominaban las versiones oficiales que hablaban de un enfrentamiento entre manifestantes, aunque los cronistas que estuvieron en el lugar sostenían que los disparos provinieron de la policía. Si bien destacó que las imágenes fueron publicadas, consideró que el principal error de la cobertura inicial fue no enfatizar desde el comienzo la responsabilidad policial, un aspecto que, según sostuvo, quedó plenamente acreditado con el paso de las horas y fue clave para esclarecer los asesinatos de Kosteki y Santillán.
